VI
estoy tumbado en la alfombra: un hombro al suelo, el otro erguido hacia el frente, como descompuesto. Estoy mirando hacia la ventana. La luz muere en diagonal pues la tarde se sienta afuera de mi ventana. Atha-ilá entra y me mira. Me rodea. Me olisquea el pantalón. No le quiero hacer mucho caso.
Veo la ventana, veo la luz, veo a Atha-ilá, pero del otro lado de mi pensamiento se proyecta la imagen de una mujer que se ríe sin muchas ganas.
Van sucediendo los minutos, de un lado a otro y de arriba a abajo. entre tanto, pienso ahora en otra cosa: El árbol de mi cuarto se desnudó y se dobló para morir con el mismo color dorado de la tarde. No es que eso me haya entristecido, para nada, pero me ha hecho tumbarme a la alfombra a ver la ventana. Atha-ilá sabe que esto es cómodo por eso se tira junto conmigo, se mete por debajo de mi brazo para que la estreche; no puedo despreciarle ese gesto porque la calidez de su pelaje también me reconforta.
-Eres linda, Atha, eres muy linda -le digo mientras la acaricio
23 de agosto de 2017
Lleno de ti
Tu nombre
Trato de escribir en la oscuridad tu nombre.
Trato de escribir que te amo.
Trato de decir a oscuras todo esto.
No quiero que nadie se entere,
que nadie me mire a las tres de la mañana
paseando de un lado a otro de la estancia,
loco, lleno de ti, enamorado.
Iluminado, ciego, lleno de ti, derramándote.
Digo tu nombre con todo el silencio de la noche,
lo grita mi corazón amordazado.
Repito tu nombre, vuelvo a decirlo,
lo digo incansablemente,
y estoy seguro que habrá de amanecer.
JS
Trato de escribir en la oscuridad tu nombre.
Trato de escribir que te amo.
Trato de decir a oscuras todo esto.
No quiero que nadie se entere,
que nadie me mire a las tres de la mañana
paseando de un lado a otro de la estancia,
loco, lleno de ti, enamorado.
Iluminado, ciego, lleno de ti, derramándote.
Digo tu nombre con todo el silencio de la noche,
lo grita mi corazón amordazado.
Repito tu nombre, vuelvo a decirlo,
lo digo incansablemente,
y estoy seguro que habrá de amanecer.
JS
7 de agosto de 2017
Sobre los días
*Aquí va todo el texto que escribí y que luego borré*
Tengo muchos más recuerdos de ella que sí existieron. De todo tipo. Ya no me siento cómo cargar con eso. Ah~ *suspiro
El silencio desciende ampliamente por mi cuarto, es algo que yo y la hondura de mis pensamientos habrán de saber tratar. Todo tiene que ser experimentado ¡y qué fuerte! A diario me vuelvo del revés y vacío mis vísceras en lo que escribo para concluir que nada ha sido aprendido y que lo lamento tanto.
Ah~ No me hace más feliz aceptar que me he equivocado, pero sí me siento mejor.
Estas son las máximas de la temporada:
* no me dejaré llevar más por el deseo * no desperdiciaré el tiempo de las personas cercanas a mí * si quiero probar algo, será con acciones * no pediré más oportunidades a las personas que les he fallado * no olvidaré que todo el tiempo estoy expuesto a cambios (padecerlos y provocarlos) * que no debo ser egoísta * que debo aprender a cocinar con especias, otro error como el de esta semana podría matarme
lo último por supuesto que es una broma (a medias), pero sólo para agregar la última de que no olvide que la escritura de todos estos largos años que he practicado ha sido mera catarsis (de la mala, de la bloguera) y que soy menos dramático de lo que escribo, así pues: no ser dramático
no me resulta fácil, es algo de todos los días. Demonios, era un poco de miedo a la felicidad
23 de julio de 2017
Azul agua
La dicha caería sobre nuestros cuerpos con su color azul agua, azul lluvia, nosotros la recibiríamos con la mano tendida y luego seguiríamos juntos.
En fin, no se dio. Ahora braceo. El agua de la Autónoma siempre procura ser limpia, me relaja, yo también me siento limpio. Me gusta nadar con lluvia porque cuando nado de dorso miro y siento como todo el cielo cae gris sobre mi. El ruido: ensordecedor, luego se silencia cabeza abajo, oído al agua.
Como no solamente nado, sino que reflexiono que nado, escribo que cuando nado voy pensando las cosas que cargo con más peso: a veces parece que voy en contra de lo que prospera hacia la felicidad (braceo, tomo una bocanada de aire y la suministro en los pulmones) porque, ¿qué me hace feliz? yo sé qué me hace creer ser feliz y qué no, qué cosas procuro y qué no (suministro el aire, lo retengo y poco a poco lo libero por la nariz haciendo burbujas que siento correr por el pecho) tener una pareja y platicar y compartir no es lo que me va a ser feliz, ni perdonarme las cosas que he hecho, ni ser mejor persona, sea lo que signifique eso, esto es por descarte y todo eso sólo me ayuda a hacer más llevaderos los días, pero felicidad es sólo lo que recuerdo y no lo que siento y así será pues (a veces, por ir pensando, chocó con los límites de la alberca o la manoteo cuando menos).
¿Listo? Sí, listo. Otros docientos flecha con aleta, da uno, dos, tres brazos y respira, luego uno dos tres brazos y respira de este otro lado.
No sé respirar por el lado izquierdo. Me entra el agua por la nariz y por la boca, respiro cloro que luego toso. A veces hago lo que se me da la gana e ignoro al instructor, en vez de aprender a hacerlo bien. Es que me cuesta trabajo y yo no vengo aquí a disciplinarme, sino a nadar como me gusta y aprender a nadar mejor como me gusta. Doy uno dos tres cuatro brazos y respiro derecha, luego uno dos tres cuatro y respiro derecha. Como nunca he tenido buenos pulmones y además tuve principios de asma varias veces durante mucho tiempo, se termina mi respiración muy pronto; entonces es mala idea postergar la respiración hasta el cuarto braceo porque me agito rápido. Uno dos tres cuatro, me detengo, saco la cabeza y jalo todo el aire que pueda, como si lo quisiera todo sólo para mí.Sobrevivo al ahogamiento por agua, por necedad. Eso es lo que pasa, que me ahogo por necedad, por no aprender a hacer espacios breves y respirar despacio, tranquilo.
-...entonces sigo nadado junto con ella porque tenemos que llegar a un archipiélago donde hay una enorme enormísima flor de colores extraños, se ve a la distancia, es colosal; le digo que ya casi, que lo sé porque el agua se torna más cálida y más azul; veo o vemos más gente que va a donde mismo, me emociono. Entonces me doy cuenta que ella ya no está, y ni siquiera sé desde cuando. Y ya, despierto.
- ¿A ella también le gusta nadar?
- No, sólo a mí. Ella no era de estar en el agua.
En fin, no se dio. Ahora braceo. El agua de la Autónoma siempre procura ser limpia, me relaja, yo también me siento limpio. Me gusta nadar con lluvia porque cuando nado de dorso miro y siento como todo el cielo cae gris sobre mi. El ruido: ensordecedor, luego se silencia cabeza abajo, oído al agua.
Como no solamente nado, sino que reflexiono que nado, escribo que cuando nado voy pensando las cosas que cargo con más peso: a veces parece que voy en contra de lo que prospera hacia la felicidad (braceo, tomo una bocanada de aire y la suministro en los pulmones) porque, ¿qué me hace feliz? yo sé qué me hace creer ser feliz y qué no, qué cosas procuro y qué no (suministro el aire, lo retengo y poco a poco lo libero por la nariz haciendo burbujas que siento correr por el pecho) tener una pareja y platicar y compartir no es lo que me va a ser feliz, ni perdonarme las cosas que he hecho, ni ser mejor persona, sea lo que signifique eso, esto es por descarte y todo eso sólo me ayuda a hacer más llevaderos los días, pero felicidad es sólo lo que recuerdo y no lo que siento y así será pues (a veces, por ir pensando, chocó con los límites de la alberca o la manoteo cuando menos).
¿Listo? Sí, listo. Otros docientos flecha con aleta, da uno, dos, tres brazos y respira, luego uno dos tres brazos y respira de este otro lado.
No sé respirar por el lado izquierdo. Me entra el agua por la nariz y por la boca, respiro cloro que luego toso. A veces hago lo que se me da la gana e ignoro al instructor, en vez de aprender a hacerlo bien. Es que me cuesta trabajo y yo no vengo aquí a disciplinarme, sino a nadar como me gusta y aprender a nadar mejor como me gusta. Doy uno dos tres cuatro brazos y respiro derecha, luego uno dos tres cuatro y respiro derecha. Como nunca he tenido buenos pulmones y además tuve principios de asma varias veces durante mucho tiempo, se termina mi respiración muy pronto; entonces es mala idea postergar la respiración hasta el cuarto braceo porque me agito rápido. Uno dos tres cuatro, me detengo, saco la cabeza y jalo todo el aire que pueda, como si lo quisiera todo sólo para mí.Sobrevivo al ahogamiento por agua, por necedad. Eso es lo que pasa, que me ahogo por necedad, por no aprender a hacer espacios breves y respirar despacio, tranquilo.
-...entonces sigo nadado junto con ella porque tenemos que llegar a un archipiélago donde hay una enorme enormísima flor de colores extraños, se ve a la distancia, es colosal; le digo que ya casi, que lo sé porque el agua se torna más cálida y más azul; veo o vemos más gente que va a donde mismo, me emociono. Entonces me doy cuenta que ella ya no está, y ni siquiera sé desde cuando. Y ya, despierto.
- ¿A ella también le gusta nadar?
- No, sólo a mí. Ella no era de estar en el agua.
-ella era de tierra, pues.
Podrías convertirte el algo que vuele y no se arrastre. En algo con plumaje y no de escamas. En algo que cante como el tañido hermoso de una flauta y no como el mugido de un ser castigado bajo el sol. Yo pensaría que eligieras ser una criatura perfecta, que es sigilosa al cazar y que murmura complaciente desde su garganta. Que mide los pasos, y calcula los saltos aunque a veces falle. Si me lo preguntas, yo sí elegiría ser una criatura de mar, no sé si hay más agua que cielo en el mundo, pero me sentiría más libre. Si me preguntas, preferiría el eco ultramarino aunque extrañaría los silbidos del viento y esos ruidos extraños que a veces hace la noche.
Podrías convertirte el algo que vuele y no se arrastre. En algo con plumaje y no de escamas. En algo que cante como el tañido hermoso de una flauta y no como el mugido de un ser castigado bajo el sol. Yo pensaría que eligieras ser una criatura perfecta, que es sigilosa al cazar y que murmura complaciente desde su garganta. Que mide los pasos, y calcula los saltos aunque a veces falle. Si me lo preguntas, yo sí elegiría ser una criatura de mar, no sé si hay más agua que cielo en el mundo, pero me sentiría más libre. Si me preguntas, preferiría el eco ultramarino aunque extrañaría los silbidos del viento y esos ruidos extraños que a veces hace la noche.
El agua hace sonidos cuando cae, cuando salpica. El sonido de la lluvia es agua que se quiebra, por ejemplo. A veces sueño con agua, con ríos, pero no escucho su sonido. Corre por mis manos, entre mis dedos, pero no escucho su sonido. Sueño con Agua, sueño azul, azul sueño. Azul algo, siempre el azul es algo. Sentimientos azules. Sueño con el ruido del azul, escucho correr mis manos por el sueño, toco mis sentimientos. Siento la calidez del sueño cuando cruza entre mis dedos y recuerdo lo tibio de mi sueño acurrucarse en mi oído, en mis manos tendidas.
18 de julio de 2017
Perfume nuevo
Todas las noches, Negra y yo pasamos por un bar mequetrefe y poco atractivo que tiene mucha asistencia de la underground. La popularidad consiste en que sacrifican el aseo y las instalaciones por cerveza barata y Área de fumadores en casi todo el lugar. Dato menor: Prohiben el tabaco y promueven la marihuana. Clandestino, sí, pero con responsabilidad: son muy rigurosos en la entrada a menores y te asisten si estás en malas condiciones. Esas sí son hermandades. Como una broma sincera, Negra y yo caminamos despacio delante del establecimiento e inhalamos hondo, nos decimos "ojalá que hoy estén fumando mois, ¿no? ¿nada? mmm..." luego nos reímos de que el tiempo ya nos está dejando lejecitos de nuestros buenos años, esos en los que nos castigábamos el cuerpo a cambio de una noche interesante que ahora no sé bien cómo platicar, pero que siempre se justifica diciendo que me divertí mucho y que puedo asegurar completamente que creí ser feliz, sin importar si es cierto. Ay veces que el aroma de la marihuana es muy fuerte, pero no me molesta, lo contrario, ese incómodo aroma me recuerda a Olinca; ella siempre es un perfume nuevo.
Ya bastante me he entretenido al escribir que ella no avisó que iba a llegar a estar conmigo, ella no pidió permiso para acostarse conmigo para nada más dormir, ella no preguntó si podía dejar sus toallas sanitarias en mi baño y sus suéteres en mi clóset; no le importó si leía otra cosa y me dejó sus libros para que los leyera, le valió madres que fuera reservado y me sacó a la calle de noche, ni siquiera supo qué pensaba de mi ciudad y de todos modos la destruyó e impuso la suya. Ya bastante he escrito que ella constituyó una ciudad entera sin nombre ni geografía, pero enarbolada, acuífera y profundamente nebulosa. Cuando me marca, se disculpa de que pase tanto tiempo sin hablarnos, le digo que está bien, porque siempre nos buscamos para darnos malas noticias. Como sea está bien. Cada día que pasa creo que la aprecio más y más valoro que la haya conocido. La Olinca, la mujer nube, la mujer agua, la mujer montaña. Un recuerdo más: es el mismo escenario de siempre, la noche bufaba su peligrosidad -una ciudad que de noche se persignaba con sangre de sicarios y de malos dílers-, esa misma noche destrozaron el cuerpo de dos universitarios y los dejaron delante de sus casas como un gesto de conmiseración "ya no los busquen, están aquí y ya no nos deben nada"; esa noche llegamos a su casa luego de intoxicarnos en un bar de pésima categoría, tan así que bien se ganó el sobrenombre de El Submarrano Amarillo, yo estaba en mejores condiciones que Olinca pero en peores que Mala. Recuerdo que algo discutíamos Oli y yo y en esas nos fuimos durmiendo, desperté respirando de su axila: sudor y cenizas. Desagradable. Me tiré a otro lado del suelo a terminar un sueño en el que una mujer me perseguía con euforia y yo la rehuía haciendo parkour por las calles.
Ayer pude correr cerca de 10 minutos sin cansarme. La distancia exacta es: de mi casa al centro. Luego de atender las cosas que tenía que hacer ahí, me envalentoné y me dije que si muy hombrecito, a ver si lo hacía de nuevo. Casi: lo terminé en dos tandas, pero casi no me paré. Llegué a bañarme y mi ropa estaba realmente sudada. Se debe a la natación, pensé de rato, cuando iba caminando al trabajo. Me enseñé a respirar y a exigirle un poquito más al cuerpo cuando lo estoy castigando. Casi siempre, en los últimos 100 mts de nadar, K y yo competimos, y aunque ella tiene mejor condición, le gano. La última vez estuvo muy cerca de mí casi todo el trayecto, zambullía la cabeza y veía su braceo a la altura de mi rodilla. Un día de estos me alcanzará al menor descuido, al primer calambre, en una mala respiración.
2 de julio de 2017
De árboles y semillas que se secan
Ser Yamazaki-san no es cosa fácil. Tengo muchos pendientes con mi identidad de Yama: ir al IEA a preguntar sobre las revalidaciones, informarme sobre cómo apostillar documentos japoneses y algunas otras cosillas. Es divertido, tengo poderío nipón del ficticio (soy un godzilla), entro a instituciones como a la embajada, al Tec, a la UVM, a Relaciones Exteriores y siempre los agarro mal parados porque no saben de bien a bien cuál es el protocolo para que un extranjero estudie una maestría en la ciudad. ¿por qué alguien como Yama quisiera estudiar aquí? Tengo (es decir, tiene) un par de razones. A veces, Yamazaki-san llega cansado a casa, prende el televisor para que haga ruido y se echa a su cama con ropa ligera para leer un poco; trepa la noche y se descubre sin planes para divertirse. Lo reflexiona: ¿qué hará esta noche Yama?
Hacer amigos. ¿Por qué, si nos respetamos aunque no nos entendemos y, de hecho, nos somos interesantes mutuamente, por qué no nos hemos integrado más aguascalentenses y japoneses? Ikumi dice algo que es de lo más esencial para entender por qué: ¿y dónde? ¿cómo? ¿cuáles son los espacios para relacionarnos?. No puede ser en la calle, no puede ser en el trabajo. Y peor aún, hay un dato sombrío y triste: ni siquiera los japoneses son amigos de otros japoneses, las empresas temen al espionaje empresarial (cosa seria que casi cualquier empleado de aquí solo lo imagina en las series), los directivos de las empresas les impiden amistar mucho menos con otros japoneses. Entonces, el empleado nipón tiene pocas opciones: puede relacionarse sólo con empleados de su misma empresa (lo cual es lo que más sucede) y relacionarse muy poco porque, aunque la relación pretenda ser afectiva, pocos son los que hablan japonés o inglés o español, según sea; o también puede intentar amistar con vecinos, compañeros de algún club o con algún desconocido que en la calle los detienen para querer practicar su nivel de japonés, pero sucede el gran detalle: siempre queda la incertidumbre de si es posible confiar. Desconocidos, a fin de cuentas.
De árboles y semillas que se secan. Mientras una mujer ve caer los pétalos de las jacarandas e, imaginativa, observa a una persona asiática dividirse entre sus orígenes y la ciudad donde vive, un hombre toma de la mano a un niño también asiático para cruzar una calle. Es la primera vez que lo hace luego de ya casi 3 años de convivir con él. La relación siempre había sido un tanto formal y distanciada, el hombre instruía al niño sobre como conjugar en español: yo, tú, él o ella. Son los últimos días de estar con él, por eso a la madre del niño ya no le importan las clases de español y da permiso para que el hombre y el niño puedan caminar dentro del residencial. El niño juega a arrojar piedras a un lago cercano al lugar y el hombre lo ve, piensa en que la infancia es un estado universal y que cualquier lago, piedra y niño de cualquier lugar en el mundo tendrán la misma interacción. Como suele hacer el hombre, practica las despedidas con tiempo para que no lo tomen desprevenido. El niño le platica de las cosas que hará en Tokyo, lo intuye un poco: la multitud le hará perder un poco de su identidad, se disolverá. El hombre le comenta que verá más los cerezos porque ahora estará en Japón en todas las estaciones y no sólo en primavera o verano. El niño asiente, además agrega un dato: aquí los cerezos no florecen, su familia intentó cultivar semillas pero murieron; a decir de sus papás, los botones de los cerezos necesitan de un frío extremo antes de entrar al calor para poder abrir flores. EL hombre lo recordará. Ahora el hombre está sentado frente a su escritorio, escribe lo poco que siente de despedirse de un amigo así como el niño. Mientras lo hace, mira a su pequeño árbol que deja junto a la ventana, está más amarillo de lo común, sus hojas caen secas, moribundas.
ort
19 de junio de 2017
6 de junio de 2017
De idas, vueltas y desapariciones
Algún día te podré llamar... Morena se fue hace un mes o poco más y, lo peor de todo, es que no estoy entendiendo lo que significa que se haya ido. Es triste, a veces pasaban meses sin verla y apenas nos bastaba chatearnos algunas cosas o marcarnos escasos minutos para actualizar nuestros temas, lo de siempre: yo haciendo como que tengo algo dramático qué decirle y ella y la vida le van sobre ruedas, como mochila de niño de primaria, cargadita, pero en marcha. Morena se fue hace un mes o poco más y yo, ocupado, ya saben: con cada vez más cucharaditas de café en la taza y cada vez menos tiempo de leer o de escribir algo que no sea sobre las bestias políticas que (para qué te haces, Omar) me está gustando, pero Morena se fue, y no me había fijado hasta que lo dijo ella, en un mensajito que raya entre la nostalgia y la broma: Algún día te podré llamar y que coincidan nuestros tiempos? para que hables no sé qué, para que me cuentes... y luego explaya una lista de los temas con los que nos hemos intentado amarrar la atención, que si mi padre ya me perdonó, que como es vivir sólo en un departamento, que si el corazón de mi hermano aún es una granada, que si todavía sigo sin querer tener hijos y que si he podido dejar de pensar, aunque sea sólo un día, en la chica con la que siempre pienso. Morena se fue hace un lustro o quizá hace un minuto, tal vez ni siquiera se fue o fui yo el que se alejó. Y no me había dado cuenta, siempre soy el que habla más y es que con ella me desdoblo no me da pena ser. Morena se fue y ya sé que de todos modos vuelve, de alguna manera u otra nos tendremos que ver.
Le platico que soñé que quería matarme por haber perdido una revista, pero no es cierto. En el sueño, ella sólo estaba molesta.
Como el humo. No le contesto, pero lo pienso: desde luego que sí, todos los días, con ella crecí y creo que aún crezco. Sabes, no es broma que soy como un niño, lo digo por lo de estar de un lado a otro cargando con eso de querer y después ya no, de no saber si me muero de frío o si es más bien que tengo demasiado sueño o si ayer por las mañanas tanto miedo y ya es demasiado tarde. Evito pensar qué es lo que sucede, suelo practicar la supresión porque es cómodo y es barato emocionalmente, en serio, tan solo me cuesta torcer la cara y rechinar los dientes y, de ser necesario, abrir YouTube o páginas porno. La verdad es que casi nunca nada de lo que escribo es cierto o todo pasa en las más mínimas porciones, en las más mínimas unidades cuantificables, que perfectamente caben en este espacio. Su desaparición también es chiquita. Cualquiera que la busque la va encontrar porque su desaparición es chiquita, del tamaño de una lágrima, de la mandíbula de una hormiga, de un pixel. Tan chiquita que apenas cabe en el pensamiento de los días.
30 de mayo de 2017
Un río de viento
Desde ayer o antier ya no es una extraña. Kassandra me acompaña a almorzar en el receso, después nos sentamos y platicamos de nuestros días. Ella, una universitaria común; yo, un trabajador regular. Ella pide de mi comida y da un mordida, yo a veces le pido que me regale agua. Entonces pienso -ahora que, por las noches, me platica por internet de su novio y de sus cosas- que desde hace poco ya no es una extraña y que incluso puedo decir que es una amiga. Hace tiempo que no me hago de una amiga, reflexiono, creo que la última ha sido la esposa de mi mejor amigo. Ella me platica de sus cosas de universitaria, recuerdo que la vida antes era más sencilla.
Forjar patria. Hace años -serán cinco o serán cuatro?- Diego se ofendió conmigo luego de platicar sobre salir del país. Él nos compartía que, entre sus experiencias como un trotamundos [por qué trotamundos se escribe en plural si el mundo es uno? no, espera: mundo no es planeta, es cierto] descubrió que los viajeros de países primermundistas no olvidan jamás que algún día volverán a su país para mejorarlo. Le digo que yo no volvería, que en la primera oportunidad huiría de este país y que me olvidaría de lo más posible; él me regaña, me dice que traiciono a la patria que, aunque lo niegue, me ha dado tanto. Diego vive en un país en donde solo hay sol dos veces al año, gana al mes lo que dos diputados estatales ganan en el mismo tiempo; cada año puede hacer homeoffice por dos meses, lo que le permite viajar por donde quiera en el mundo con una vida holgada. Lo digo con sinceridad: me alegra que mi amigo tenga éxito y que le suceda todo esto, ha trabajado por ello; también es verdad que siento un poco de celos, pero se me pasará. Me pregunta que qué he estado haciendo, le digo que nada, que a diario escribo de distintas maneras críticas sobre el gobierno, que ejerzo más el periodismo y que de alguna manera me he convencido que informar a la gente es una manera de generar cambios sociales. Diego volverá a Dinamarca, luego de juntar aún más dinero, regresará este país para abrir un negocio.
Un río de viento. [Las cosas se han vuelto un poco insulsas para el joven, pasan los días a una velocidad aburrida. Nada es y todo está. Piensa en los libros que lee. Cree y concuerda: si hay algo que lo pueda remediar y lo justifique todo, será el amor y sólo eso]. Me sorprende lo poco que dura en mí la idea de la felicidad con una pareja. He dañado a personas por puro dramatismo, porque aún soy muy inmaduro y egoísta, porque pienso que todos los problemas caben en mí y que a la hora de encarar los conflictos más bien lo abandono todo sin considerar a las personas que me acompañan. Creo que puedo ser feliz con quien sea. Puedo amar a quien sea. Y eso es lo de menos, o poco importa porque lo gratificante es que alguien esté dispuesto a hacer lo mismo. No he tomado en serio a las personas que han decidido compartir su tiempo y sus proyectos de vida conmigo, al menos no lo he demostrado con acciones, siempre es palabrería, siempre ha sido viento. Quiero tomarme en serio eso de amar. Durante tanto tiempo he creído amar a alguien, pero sólo lo he dicho. Amar es todo lo contrario a lo que he hecho, es tal vez lo que ella ha hecho (?). Yo no quiero estar para nadie de esta manera tan hiriente. Hechos son amores. Dejaré de hablar de conatos.
16 de mayo de 2017
27 de abril de 2017
árbol de puntas doradas
Tengo una nueva mascota: un bonsái junípero de puntas doradas. Debo aprender a podarlo y decidir la ruta de su tronco pues, sabrás, hay estilos de bonsái según la inclinación de su tronco: si es vertical o pretende horizontalidad, si ascienden su ramaje o si desciende -ya te imaginarás las analogías que surgen para aplicar a la vida-.
Pretenderé el estilo Moyogoi, busca crecer hacia arriba pero su tronco principal es sinuoso, no se sabe bien la dirección de su desarrollo, solo asciende.
Pretenderé el estilo Moyogoi, busca crecer hacia arriba pero su tronco principal es sinuoso, no se sabe bien la dirección de su desarrollo, solo asciende.
23 de abril de 2017
Refugio
Lo ha pensado una docena de veces y, por más que lo repiensa, cree que sí, que definitivamente lo mejor para él es estar zambullido en el agua. Ni siquiera el mar, ni siquiera nadar. Le basta sentir esa falsa levitación de su cuerpo en el agua, algo que a muchas personas les apabulla, pero que a él le encanta: la sensación de que el agua domina sobre los cuerpos.
Por eso guarda para sí, como un excelentísimo tesoro, dos o tres experiencias que lo fulminan de satisfacción cuando las recuerda, pero que jamás será como lo ya vivido, para nada.
Conoció la satisfacción de nadar demasiado tarde, apenas adulto, cuando se sumergió en un río de nada. El agua era tan pura que que se podían ver los peces bailar a la distancia como lagartijas que montaban al viento. Recuerda que se adentró a ese río y poco a poco olvidó la gravidez de su cuerpo, joven astronauta en una luna húmeda-húmeda.
Lo mejor es estar en el agua, piensa de nuevo, necio a repetir las afirmaciones.
Sin pretender nada, la vida lo apremió con una nueva experiencia tiempo después. Le aconteció que visitó una cueva de agua en donde el líquido era tan puro como tan oscura la cavidad. La ecolocación de los murciélagos al fondo chillaban de vez en vez. Nadar en la profunda oscuridad le resulto gratificante. A veces, en el mejor de sus sueños, replica la sensación de la completa pérdida del peso corporal.
Y es que guarda con gran satisfacción sus recuerdos, los usa cada que puede. Lo recuerda tan bien: sujeto de la mano de una mujer clara, braceó y pataleó a contra corriente de un río hasta llegar al pie de una cascada. Si el agua es un refugio, un hogar, en ese momento lo descubrió.
Nada mejor para él, dice para sí.
Por eso guarda para sí, como un excelentísimo tesoro, dos o tres experiencias que lo fulminan de satisfacción cuando las recuerda, pero que jamás será como lo ya vivido, para nada.
Conoció la satisfacción de nadar demasiado tarde, apenas adulto, cuando se sumergió en un río de nada. El agua era tan pura que que se podían ver los peces bailar a la distancia como lagartijas que montaban al viento. Recuerda que se adentró a ese río y poco a poco olvidó la gravidez de su cuerpo, joven astronauta en una luna húmeda-húmeda.
Lo mejor es estar en el agua, piensa de nuevo, necio a repetir las afirmaciones.
Sin pretender nada, la vida lo apremió con una nueva experiencia tiempo después. Le aconteció que visitó una cueva de agua en donde el líquido era tan puro como tan oscura la cavidad. La ecolocación de los murciélagos al fondo chillaban de vez en vez. Nadar en la profunda oscuridad le resulto gratificante. A veces, en el mejor de sus sueños, replica la sensación de la completa pérdida del peso corporal.
Y es que guarda con gran satisfacción sus recuerdos, los usa cada que puede. Lo recuerda tan bien: sujeto de la mano de una mujer clara, braceó y pataleó a contra corriente de un río hasta llegar al pie de una cascada. Si el agua es un refugio, un hogar, en ese momento lo descubrió.
Nada mejor para él, dice para sí.
21 de marzo de 2017
Desde lo sublime
Las crisis se me pasan luego luego. A penas me descubro tristeando y busco cómo sentirme mejor.
Cosa curiosa, de lo sublime nace también el llanto. Hace poco platicó una chica que un fin de semana, sin tener aún algún plan, se arregló por si alguien la invitaba a salir. Sacó un vestido del clóset que hace tiempo no usaba y deseaba volver a verse con él -ella recordaba que su silueta esbelta y curva lucía más con ese vestido-.
Mientras se bañaba, escuchó que su celular sonó y dejó la ducha pendiente para salir a contestar, pero no era nada: el celular callado, el agua de la ducha cayendo. Por si fuera a suceder, entró con el celular al baño y lo dejó a la mano; si alguien llamara, contestaría enseguida.
Luego de esto, mientras se colocaba el vestido, notó que, aún sin ponérselo por completo, ya no se veía muy bien con él y con pesadumbre aceptaba que no era debido al atuendo. El vestido aún era bueno, tan así que lo usaría de cualquier modo, ya no para resaltar su cuerpo, si no para que el vestido atrajera por sí mismo.
Ajustado, el vestido. Un poco incómoda. Hacía falta subir la cremallera y aunque estiraba sus brazos por detrás de su espalda, no lograba sujetar el cierre para deslizarlo. Intentó un par de maniobras ridículas subir el cierre, pero no resultaba.
Recordó que ese pequeño lío lo solucionaba fácilmente años atrás, cuando vivía con sus padres: bastaba con pedir ayuda a su madre o a su hermana. Se sintió patética, disconforme con su soltería, con su vida independiente; renegó de su cuerpo pero, sobre todo, me comenta, se descubrió sola.
Y es absurdo que estas pequeñas cosas nos entristezcan, pero pasa. Hace poco me sucedió también: fui solo al super y al ver lo pequeña que era mi despensa sentí mi soledad. Así estaba, pues, pensando en mi individualidad, entonces, al salir, la puerta automática no me detectó, como si no existiera, como si no hubiera nadie. Al final, tuve que abrir la puerta con mis manos, se resistía mucho. Salí muy a fuerzas, como si saliera de un vientre en un alumbramiento.
Ahora que lo recuerdo y platico me da una carcajada ligera y sincera.
10 de marzo de 2017
Ahí va, ahí va
15 de octubre 2016
No hay crisis del cuarto de vida, lo ha superado de alguna manera. Se mantiene ocupado en varias cosas: ha conocido a una mujer a la que aún no asimila -hurga su cuerpo, sus días, y no puede creer que sea otra-; trabaja, por fin, en algo que puede proyectarlo o no, pero de ninguna manera lo dejará donde estaba antes- por fin deja de oficiar en estos trabajos que no eran nada, y que eran de todos los días-; se prepara para continuar estudios: lee algunos artículos de Villanueva, Berkson o Blake; no entiende muy bien a Tomasello porque su inglés no es muy bueno y leerlo exige un doble esfuerzo, pero como quiera ahí va -practica su inglés con amigos japoneses o con su amigo seminarista que viajará de Ohio a Libia. Eso le da un poco de celos: su otro amigo, el programador, viajará de Budapest a Dinamarca; su otro amigo, el diseñador web, irá a Japón. Es un poco de envidia, es un poco enfado consigo mismo, ¿por qué el no está moviéndose, pro qué permanece en esa ciudad que no le gusta tanto?-; el padre del joven lo hizo enfadar, el joven se culpa, nunca supo establecer acuerdos con el señor, lo mejor hubiera sido huir de casa a tiempo -algo que también está preparando: ha comprado algunos muebles y se ha organizado con gente que podrían ser buenos compañeros de piso-; donará un órgano, la familia se queja, pero no cesa su apoyo -hubo una intervención, al final de ella el hermano lo abrazó, la madre se lamentaba aunque no dejaba de pensar que era lo mejor, la cuñada era un satélite en órbita, el joven lloraba como hace más de una década que no lo hacía, ¿el padre?, el padre puede irse mucho hacia los confines de ninguna parte-.
No hay crisis del cuarto de vida, lo ha superado de alguna manera. Se mantiene ocupado en varias cosas: ha conocido a una mujer a la que aún no asimila -hurga su cuerpo, sus días, y no puede creer que sea otra-; trabaja, por fin, en algo que puede proyectarlo o no, pero de ninguna manera lo dejará donde estaba antes- por fin deja de oficiar en estos trabajos que no eran nada, y que eran de todos los días-; se prepara para continuar estudios: lee algunos artículos de Villanueva, Berkson o Blake; no entiende muy bien a Tomasello porque su inglés no es muy bueno y leerlo exige un doble esfuerzo, pero como quiera ahí va -practica su inglés con amigos japoneses o con su amigo seminarista que viajará de Ohio a Libia. Eso le da un poco de celos: su otro amigo, el programador, viajará de Budapest a Dinamarca; su otro amigo, el diseñador web, irá a Japón. Es un poco de envidia, es un poco enfado consigo mismo, ¿por qué el no está moviéndose, pro qué permanece en esa ciudad que no le gusta tanto?-; el padre del joven lo hizo enfadar, el joven se culpa, nunca supo establecer acuerdos con el señor, lo mejor hubiera sido huir de casa a tiempo -algo que también está preparando: ha comprado algunos muebles y se ha organizado con gente que podrían ser buenos compañeros de piso-; donará un órgano, la familia se queja, pero no cesa su apoyo -hubo una intervención, al final de ella el hermano lo abrazó, la madre se lamentaba aunque no dejaba de pensar que era lo mejor, la cuñada era un satélite en órbita, el joven lloraba como hace más de una década que no lo hacía, ¿el padre?, el padre puede irse mucho hacia los confines de ninguna parte-.
Hay amigos, hay videojuegos. Series, libros, muchos muchos libros (Paco Goldman y una novela que lo exasperan hacen que todos los días se descarne un poco). Está Scorsese, Iñárritu, la familia Coppola. Hay caricaturas (The hall of egress), hay muy poco animé. Hay mucho sol a pesar de que el día dura poco. Las noches son largas e inquietantes. Los sueños son cada vez menos recurrentes. En la mayoría de ellos aparece Nereida -el único nombre que le gusta pronunciar-. Siempre dedica una parte del día para pensar en ella, la rebusca en los libros, en las imágenes, en el polvo, en la hierba.
Ahí va, se repite de noche, cuando los días lo desgastan y a penas cabe en su cuerpo la voluntad de escribir algo que lo haga encontrarse consigo mismo. Ahí va, se dice y teclea, quiere que la escritura le dé el espaldarazo que lo haga insistir en los días: ahí vas, Omar, ahí vas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
