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17 de marzo de 2026

Sobre el enojo y la identidad

 Me molesta que yo no haya podido mostrar mi enfado hacia ella porque ella acaparó el enojo, entre los dos hicimos un mecanismo en el que  sólo ella se mostraba molesta y, más allá de si sus razones eran justas o no, ella tenía la oportunidad de explicitar su enojo y reclamarme. 


Fue algo auto impuesto por mi parte, porque pensé que mi contribución a la paz era la conciliación y porque además no sé trabajar mi enojo, tiendo a reprimirlo y buscar otras formas de defensa, como la condescendencia, la conmiseración o el victimismo. 


Pero también trabajé mucho en mí, de distintas maneras, con diferentes acompañamientos; hablé y revisé las maneras en que medio las situaciones adversas. Sin víctimas ni victimarios, sin culpas ni juicios. Sin maniqueísmos. No es algo que le atribuya a ella directamente. Me molesta yo no haber tenido las mismas herramientas. 


Cuando uno se enfada, es más fácil apartarse emocionalmente del sentimiento compartido. Después de la catarsis, hay una sensación de alivio y tranquilidad. 


He pensado mucho en las diferentes maneras en que ella buscaba terminar la relación a partir del enojo, lo vi como una posibilidad de alivio inmediato. Habría una razón suficiente para cesar, con justicia y con la razón, un sentimiento tan cíclico y prolongado. 


También, es importante no excusarme de mis actos, pero también es cierto que reaccionar tanto a la defensiva es una expresión de ofensa. Y durante mucho tiempo me sentí restringido de decir mis sentimientos y de expresarme molesto porque asumí el rol de regulador en la relación (quien absorbe, quien tiene una participación pasiva de las emociones; uno confronta, otro amortigua) porque no se legitimizaban mis sentimientos por ser yo el de las equivocaciones, los errores, las faltas. Sistemáticamente, asumimos el rol de descalificaciones y de la defensa de la identidad; de mi parte, desde una posición sutil pero igual hiriente porque, en mi afán de mantenerme al filo del enojo, desplazaba mi enojo hacia la condescendencia y a la retirada emocional, me apartaba emocionalmente de lo que ella sentía. 


Cada uno elaborará su propia narrativa y se apaciguará convenciéndose de lo que se fue y lo que se hizo, pero a mí me habría gustado haber tenido la oportunidad de mostrar mi enojo para no padecer una asimetría emocional. Es un duelo de identidad, además del duelo amoroso.