-Sí.
-Yo también. ¿Podemos hacernos compañía? Es que no me gusta para nada estar sola, siento como que miedo.
Mónica volvió de un sueño viejo y te encontró adormecido, te palpó la espalda con sus manos frías para que despertaras, te estrujó con un beso que se inventó en ese instante y te silbó la sopa para calentarla y dartela de beber, pero tú no quisiste.
Mónica volvió en silencio y se metió en tu cama. Te besó sin labios. Tomó tus uñas y jugó a arrancarlas, desandó tus pasos y te perdonó, te contó las formas de sus sueños y te esperó para que lo hicieras también, pero tú no despertaste.
Mónica volvió para verte, caminó por la duna y se ahogo en el cielo con la lluvia de la mañana, te dijo que te quería y te regaló las flores de su soledad y la hierba de sus días, pero tú no la entendiste.
Mónica crece a tu costado, como un siamés, como una rama incrustada, y florece a veces en la noche; al abrir sus hojas, se escuchan cantos y repiques y el filo de una cuerda que agoniza, pero estas adormecido por el influjo del bostezo porque eres un títere de tu sombra.
Un día despertarás y la mirarás dormida tan lejos de ti, con un hueco toracico, no encontrarás la manera de reencontrarla en el sueño porque despertarás con la idea triste de querer vivir.
Uno tiene el humor pesado y quiero simpatizar, el otro es cortés y siempre se presta a conversación.
El primero habla y habla y continúa y no se detiene y quiere seguir hablando, te platico de esto y de lo otro, bromeo contigo, soy simpático, por qué no ríes?
El segundo piensa en que tendrá la oportunidad de hablar después, su opinión se pospone, cambio de tema, no me interesa realmente lo que conversa, no es de mi interés.
El tiempo, plastificado, como un viento espeso, transcurre lentamente dejando llagas que no se perciben.
Volverá nuevamente ese mes con su masiva lentitud. Y pasará como el viento. Y sucederá como la permanencia
Nosotros nos quedaremos como el que espera el pan y la muerte. Como el que se despierta de noche persiguiendo el bostezo que lo adormeció.
Nosotros nos quedaremos buscándonos en los labios las palabras que no nos decimos usualmente. Otra vez nos abrazaremos como los árboles y nos besaremos como los pájaros.
Volverá nuevamente ese mes en el que nada pasa cuando pasa el tiempo.
Levantarte una mañana y preguntarte si caliento café para los dos o si sólo para mí; y mojarme la cara y escudriñar mi reflejo deseando que se escurrieran, también, las arrugas de mi piel; y cederte el baño para que alcances ahora sí a rasurarte; y mirar la destreza con que resbala la navaja por tu cuello, ese acto que para ti es acaso tedioso, pero que a mí me entretiene; y tostar pan, tú mientras bajas la ropa, en la tarde lavarás, se está juntando mucha y eso es lo que haces, juntarla toda y después lavarla; y contarte mi sueño, escuchar el tuyo, recordar cosas de la escuela, hablar de los viejos amigos y de sus hijos, cambiar el tema, dejarte los trastes, yo ya estoy lista, te dejo, apúrate o llegarás tarde, y te quiero decir, amor, que esta es la línea lejana que queríamos alcanzar, pero mejor te beso y salgo, cierro la puerta y me detengo, olvidaba algo, giro, abro la puerta y al entrar de nuevo es una casa vacía en donde no hay ropa, ni pan, ni agua para el café, y tú sigues dormido, eternamente dormido y yo te quiero decir, amor, que esa línea lejana era nuestro horizonte, y que por eso, amor, pienso que mi utopía es más bien el pasado.
Omar Tiscareño
Me gusta, por ejemplo, la explosión de su risa. Nunca la contiene, y si es necesario irrumpir conversaciones y ser imprudente, sucede. Cuántas veces la he visto atomizar el líquido de su boca cuando la risa la sucumbe, ¿cuántas?
Me gusta su dramatismo porque es feliz. Y ella exagera las situaciones adversas y se divierte solucionando sus problemas. Ahora le negaron la materia de inglés, la universidad la desprecia por no gustar de esta maldita lengua imperialista; ahora, ya resuelto (días de papeleo y vengalratoaverquepasas después), el inglés es más es despreciable, te quita el sueño y tienes que empeñar tu atención completa en aprenderla; ahora, fin del curso, aprobó con diez.
Me gustan sus ocupaciones. Le gusta tejer, dibujar, decorar la casa, leer (libros gruesos de física y vectores); un día a la semana va a clases de baile, al otro día va a cursos de joyería (de algo podría servir!), al siguiente asiste a su taller de grafología; se inicia en la nueva medicina germánica, la psicobiología; da clases a sus compañeros de cálculo vectorial, seguido duerme en el laboratorio de la universidad; va a natación, práctica el pentatlon y después de tanto, es en serio, yo no se como es que a veces salimos a caminar por el parque.
Me gusta su otredad, casi llora en cualquier película y es enemiga de los antagónicos.
Me gusta, también que...
Se hizo algo en los dientes y ahora blanquean rectilíneos; adelgazó bastante, se aclaró su rostro y las piernas se le contornearon -creció mucho. Ya era rubia natural, pero ahora brilla como un sol liberado. La vida la cubrió de felicidad y lo hace notar.
Saraí, ya no eres la que conocí, ya eres algo más bello y eso está bien y además es lindo.
Me preguntan, mofándose, qué se siente no haberla querido hace una década. Primero, le dije, me parece que la belleza de una mujer no gira en torno a las adulaciones de un hombre, acaso para sucitar su mirada pero nunca sólo para nosotros; segundo, si aún guarda la naturaleza que le conocí, ella busca a una persona que la ame sin fijarse en su exterior.
Y todavía no soy yo.
Estoy seguro que Mario regresará y me atacará por la espalda. Irá directo al cráneo, hacia la nuca. Me dará muerte de un solo golpe contundente. Le hice daño y no puede olvidarlo, es una persona rencorosa.
Volverá desde muy lejos y después de fulminarme retornará. Tendrá eso que llaman felicidad.
Nunca estoy precavido. No quiero estropear su bien una vez más.
Libero mis puños, me reconozco entre los vencidos. Busco la redención.
Ayer reí hasta ya no más. Recordé una tarde en que tres compañeros y yo leímos ante un vasto público algunas de nuestras obritas.
En la presentación, otorgamos una pequeña semblanza de nuestra trayectoria. La mía fue la más pobre, nada destacable me adornaba. En mi preocupación por el vacío y la brevedad, comenté un premio fatuo de un concurso que a nadie interesó (casi podría decirse que gané por ausencias).
El presentador ensalsó está risible mención de mi semblanza y me parece (supongo por la altura de sus ojos) que le resultó interesante a la audiencia. "Obtuvo un destacado segundo lugar en un importante concurso regional de estudios de lingüística aplicada", dijo con palabras largas, in crescendo. En ese tiempo me sentí agradecido por el favor secreto, ayer que lo recordé reí como nunca antes.
Sentí destrozarme por la risa. Me desarmé, caí al suelo y me desternillé de risa. Y es que yo en la semblanza sólo había escrito "Segundo lugar en el lingüitón de la escuela".
Ahí, en el suelo, torciéndome como culebra y llorando agua dulce, comencé a rememorar los logros que desde esa fecha a hoy he conseguido. Ya estando abajo y en pedazos, no me pude levantar.
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