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10 de octubre de 2015

Sobre lo que escribo y no puedo escribir

Y me gusta, y soy terriblemente feliz en mi infierno, y escribo.
JC
I
Y escribo con furia lo que me pasa, aunque sean cosas aburridas. Es necesario decir que no soy muy precavido con mi vida, porque la altura de mi felicidad no la calculo con las acciones que haré, sino con los detalles minúsculos que me encuentro en las cosas ocultas: en la nota al pie de página de un libro viejo, en la flor que segrega de una casa abandonada, en las imágenes que veo cuando zabullo la cabeza y nado. Y me voy de lleno por la vida derramando las letras que no me caben en el cuerpo, que se me salen por los dedos cuando tecleo, aunque nadie las lea.

II
"...volvió para verte, caminó por la duna y se ahogo en el cielo con la lluvia de la mañana; te dijo que te quería y te regaló las flores de su soledad y la hierba de los días".

Ahora que están sucediendo los días que deberían suceder, ahora que los días se repiten como sin más, quisiera escribir, también, del extrañamiento. Tengo algunas palabras en mente que después podría borrar.

Quiero escribir, pero no sé cómo.

Cenizas, E. Munch

1 de octubre de 2015

Los poemas de Pérez

En lo más recaído hay algo que siempre pugna por rehabilitarse:
en el hongo pisoteado, en el reloj sin cuerda
en los poemas de Pérez, en Pérez
J.C.

Yo no sé qué tiene la poesía de Pérez que está tan alejada de Pérez. La poesía de él cobra independencia, tiene cosmogonía propia y suele ser poderosa. Algunos han propuesto que en ella se abordan historias épicas que nuca existieron, pero que, a pesar de su inexistencia, ingenuos practicaron literatura con amplia inventiva.

La poesía de Pérez, por sí sola, nos aparta del mundo. Contiene imágenes difíciles de concebir. Sus versos rodean el límite del lenguaje y después se hacen nada. Concluyen.

Quisiera reseñar un poco más esta voz poética que surgió de la nada, pero la poesía de Pérez no existe sin la lengua de su creador. Según entiendo (y de verdad que no me interesa saber mucho) la poesía de Pérez nunca se escribió o, después de ser escrita, la tinta se resbaló por la vergüenza de ser escrita, o fueron escritas y tal vez recitadas para que una perra no muriera de hambre y después se desechó (cuando la perra murió asqueada de lo que consumió). Según entiendo, la poesía de Pérez no pagó el alquiler y se mudó a una tierra donde no se puede vivir si eres poema, en el silencio.

Qué triste es pensar que la poesía de Pérez es de Pérez. Ojalá se hubiera escrito sola.

Omar Tiscareño

30 de septiembre de 2015

Algo sobre Carlos y el horror

Pero a ti, Carlos, qué te asusta? Si en la noche, cuando la oscuridad exhala sus olores y te precipitas por el frío y las luces neón, si cuando la humedad de la niebla recarga su lengua sobre nuestras cabezas y entonces sientes una mano lejana que te tienta la espalda y volteas para ver que, lo que haya sido, se esfumó, vuelves la mirada a tu camino y sonríes. Qué te asusta, Carlos. Las sórdidas callejuelas, la oscura decapitación de las tardes sangrantes, la enaltecida sombra que, autónoma, guía sus propios pasos?

Qué siniestra es tu felicidad, encuentras placer en el horror de lo cotidiano.

14 de julio de 2015

desconfiar

Desconfiar cuando te dicen te amo, porque no lo dicen en serio, porque ya lo habían escuchado, porque se dice con miedo, porque vos estás seguro de lo que estás diciendo?, porque sí estoy seguro, porque no me engañes, porque no te engaño, porque en todo estás:

Avellaneda contra el viento que zarandean sus rulos, Avellaneda y la sombra de un árbol grande, Avellaneda y la sopa insulsa que me da por las mañanas en que hace frío, Avellaneda y su vestido como bandera caída que quisiera izar, Avellaneda y su voz de pájaro triste, Avellaneda y la cicatriz de tu brazo.

y vos estás seguro de lo que estas diciendo?

La mano se estira, la otra mano la recibe, los ojos se trastocan, los vapores, los labios, las manos, el tórax, el agua, la sed, boca, mano, piel, y ayer yo era un ave que volaba sin miedo, y por eso pregunto que si vos estás seguro de lo que estás diciendo, porque yo no estoy segura de lo que estoy sintiendo.

30 de junio de 2015

Ahora que los días suceden, Stephane Korvin

57.

Tengo mala mano, ya pasará.

Mis pies están pintados sobre el suelo. Beben lo negro del suelo de la calle, no es una mudanza más. El cuerpo no se instala luego de desembalarse.

Tú no te mueves (susurra tu cuerpo apenas).

Explota sobre el piso.

La silueta de las últimas noches nos corroe.

No son malas las manos que conversan.

Tengo palabras malas, ya pasará.

Una mujer me basta, basta con cambiar regularmente.

El cuerpo tiene buena voluntad. Paso por una mala racha, esta bien.

Todavía tenemos algunas formulas que probar. Y también algunas figuritas por amar.

No quiero correr la mirada. La vida se estira providencialmente.

La ausencia del mundo es grande.





Traducción de Laura Petreca y Javier Sabarros

26 de junio de 2015

N


repito tu nombre como repito los días

16 de junio de 2015

Recuerdo-recuerdo, qué recuerdo?

Hoy, por ejemplo, que llueve y estoy recostado en mi cuarto, recuerdo las lluvias de Xalapa que eran leves, como alfileres.

y cierro muy fuerte los ojos deseando que al abrirlos esté yo allá y no en esta ciudad plana.


1 de junio de 2015

Lenguaje de gestos (¡Vas a ver!)

Alguna vez leí algo sobre sobre lo afectivo que podría ser cruzar los brazos siendo profesor, cosas de micro enseñanza. Según eso, los alumnos, casi sin querer, interpretan en el profesor una conducta de rechazo. Hay un tanto verdad en eso del lenguaje corporal, pero no es una verdad absoluta; además,las interpretaciones se prestan a equivocaciones: a veces el profesor sólo quiere cruzar los brazos.

Uno puede andar por la vida leyendo cosas que no están escritas, ya sabes: leerle en el rostro las preocupaciones que tiene tu amigo, el que debe en Coppel; leerle en las manos la verdadera edad a tu tía, la que se ha hecho cirugías; leerle las intenciones que tu maestro de inglés tiene con Laura cuando le mira las piernas e incluso leerle las artimañas que Laura está usando para aprobar inglés.

Verónica va caminando tranquila hacia el norte, de pronto se detiene como interrumpida por algo invisible, chasquea los dedos, presiona los dientes y dice ¡Chin!; da media vuelta y se apresura hacia el sur: algo se le ha olvidado.

¿En verdad es eso?

¿Cuales son los signos que sí se pueden interpretar?

Recuerda este ejemplo: un hombre saca una cajetilla de cigarros de su chaleco; saca, después, un cigarro, lo coloca en su boca. Entonces busca nuevamente en su chaleco. ¿Está buscando un encendedor?

Las obviedades no son tan simples de afirmar. ¿Qué hay en los gestos para decir que no hay ninguna otra posibilidad de interpretación?

A todo esto, ayer caminaba por un parque; un niño jugaba con su hermano a golpearse con una pelota. El mayor la arrojó con saña hacia la cara del menor. La sangre le escurrió como cascadas teñidas. La madre, mientras lo atendía, miró al mayor, no le dijo nada, ni siquiera balbuceó algunas palabras. Levantó la mano mostrándole la palma y la agito hacia atrás y hacia adelante. El niño ya estaba condenado.

19 de mayo de 2015

Simulacro

Más o menos en estas fechas, y con el porvenir achicándose cada vez más, ya nos alejábamos.


A veces llovía fuerte, a veces solo caían gotas, casi siempre había agua.

Me regaló un abrazo y yo se lo regresé, no lo quise, le dije que no fastidiara con su sentimentalismo, me ahogó con un golpe que todavía me duele y corrió muy lejos; la alcancé y nos tiramos en la tierra de una loma.

Yo no me daba cuenta, ya practicábamos los adioses.

15 de mayo de 2015

Día feliz, Edgar

... y disculpa la tardanza, pero quería llegar contento. Traje la música, nos vestiremos de ninjas americanos y jugaremos a bailar lo que se nos dé la gana.


Baila, Edgar, baila conmigo y olvidemos este desastre!

Dime que sí te acuerdas, hermano ¿verdad que lo haces? Me da tantita tristeza, pero sí estoy contento, es en serio.

Baila!

9 de mayo de 2015

abundante, insulso

Sabes, mujer nube, tengo lo suficiente para ser feliz, pero no lo soy. Siento las cosas a medias, que no me termino.

Y salgo por las noches a ya no reírme, a ya no sentirme bien, a ya no constituirme en los vapores del desvelo, de la niebla densa. aquí hay sol y viento, nada más. a veces hay mundo.

sabes, mujer agua, mujer movimiento, creo que también tengo lo suficiente para ser infeliz. porque ahora que el cielo cae sobre la tierra y uno siente tomar el maná de lo que quiso, encuentra huevos vacíos. verdad que me entiendes, mujer verdecida? verdad que comprendes que lo peor de todo esto es que estoy de acuerdo en ya no hacer nada, en cederle el paso a lo insulso, en ya no pedir, ya no buscar, ya no esperar, y todavía peor, ya no querer


Sabes, mujer montaña, no tengo ganas de pensar en cómo me siento.

5 de abril de 2015

En una banca

Una niña compró un marcador. Antes de pagarlo, preguntó que si era tinta difícil de borrar. Es tinta permanente, pero se puede quitar con otras cosas, niña. ¿Se borra con la lluvia, con el sol? No, no se borra con eso. Bueno, entonces sí me lo da. Pagó con muchas monedas y agradeció con buenos modales, era una niña muy linda.

Yo la vi, de lejos, sentarse en una banca, luego miró a su alrededor hasta encontrarme. Fingí distraerme y no verla. Me escondí un poco para atisbarla. Sacó su plumón y comenzó a escribir algo, yo supongo que fue una frase larga porque se entretuvo varios minutos escribiendo y cuidándose de ser vista.

A veces paso por esa banca e imagino lo que habrá escrito.

29 de marzo de 2015

El miedo

Sucede que hace tiempo, mientras salía a almorzar en mis clases sabatinas, hice amistad con una chava bajo la frase más sincera y conmovedora que hasta ahora me ha embargado:

-Disculpa, ¿estás solo?
-Sí.
-Yo también. ¿Podemos hacernos compañía? Es que no me gusta para nada estar sola, siento como que miedo.

No lloré porque soy fuerte, pero el sentimiento sí se me quedo en la garganta y me lloviznaron los ojos. Sí, amiga, apenas y te conozco, pero sí quiero acompañarte y evadir esta perra soledad de mierda que tanto nos daña a todos, pensé en decirle, pero las palabras no me salieron. Solo le dije que sí con la cabeza y caminé con ella.

Hablamos de la escuela, de sus ocupaciones, sus pasatiempos y de otras cosas que a mí no me parecieron tan irrelevantes en ese momento. Participé poco en la conversación y no me importó, yo sólo estaba en calidad de oyente.

-Adiós.
-Hasta luego... Oye, ¿cómo te llamas?
-¡Ah! Es cierto, ni nos presentamos. Soy Lizbeth.
-Yo soy Omar. 
-Adiós, Omar- y se fue, así nomás, como cuando alguien entra a una tienda de ropa y, después de haberle echado ojo a casi todo, sale sin haber encontrado algo bueno.

Tres sábados después (ya los conté), salí a almorzar a la hora de costumbre. La vi de lejos sentada con otra chava. Me acerqué lo suficiente para que mi fealdad le saltara a su vista y la saludé con esta voz que desprecian los pájaros.

-¡Hola, Lizbeth!

Juro que me vio y juro que sí era ella. Sentí el agua fría de su mirada traspasarme la piel; luego de analizar esta cosa maligna, que es mi cuerpo, y no encontrar registro alguno de mí en su memoria, volvió su vista a su compañera y me desertó del mundo. Ni siquiera me regresó el saludo por cortesía. Un amigo, que estaba en otra mesa, me alcanzó a ver y se le salió una risa como si fuera baba: la quiso retener pero no pudo. Mala suerte, campeón, me dijo.

Desde otra orilla, a la distancia, seguí contemplando la espalda de Lizbeth (ojalá se me olvide pronto su nombre) y el costado de su compañera. Me parece que no eran amigas de tiempo, casi podría asegurar que se estaban conociendo en ese momento. Ahh, ya entendí, pensé mientras seguía mascando el rechazo, lo dijiste muy claro: no te gusta para nada la soledad, te sobreinterpreté, creí entender que querías compañía, pero sólo querías quitarte la soledad; eres como las personas que a veces tienen sed y, aunque no les guste, beben agua para saciarse.

-¿Ya conocías a la chava? 
-No, pensé que era otra.
-No mames, qué pena.
-Sí, qué pena.


Omar Tiscareño

20 de marzo de 2015

16 de febrero de 2015

La somnolencia

Mónica volvió de un sueño viejo y te encontró adormecido, te palpó la espalda con sus manos frías para que despertaras, te estrujó con un beso que se inventó en ese instante y te silbó la sopa para calentarla y dartela de beber, pero tú no quisiste.

Mónica volvió en silencio y se metió en tu cama. Te besó sin labios. Tomó tus uñas y jugó a arrancarlas, desandó tus pasos y te perdonó, te contó las formas de sus sueños y te esperó para que lo hicieras también, pero tú no despertaste.

Mónica volvió para verte, caminó por la duna y se ahogo en el cielo con la lluvia de la mañana, te dijo que te quería y te regaló las flores de su soledad y la hierba de sus días,  pero tú no la entendiste.

Mónica crece a tu costado, como un siamés, como una rama incrustada, y florece a veces en la noche; al abrir sus hojas, se escuchan cantos y repiques y el filo de una cuerda que agoniza, pero estas adormecido por el influjo del bostezo porque eres un títere de tu sombra.

Un día despertarás y la mirarás dormida tan lejos de ti, con un hueco toracico, no encontrarás la manera de reencontrarla en el sueño porque despertarás con la idea triste de querer vivir.