La otra vez pensé en que ella, eventualmente, saldrá con otro chico con el que tampoco se sentirá cómoda al tomarlo de la mano. O que tal vez sí. O que tal vez ella quiera tomarlo de la mano porque le gusta su piel y aunque se quiera aguantar las ganas y se guarde los puños en los bolsillos, quiere tocarle la mano y sobar su piel, quizá porque serán como la seda; rosas, además.
Pensé en que ella, lo quiera o no, se enamorará de alguien -un buen tipo, buen mozo, un wey cualquiera con el que se sabe adaptar- y luego de tiempo decidirán vivir juntos. Aquí o en otra ciudad, da igual. Y se multiplicarán -¡qué imprudentes!-. Habrá Migueles y Mateos, a saber qué más, cuántos más. Me invitará a su casa porque el tiempo pasa y aún nos somos importantes. Le presentaré a Mónica -la niña que adoptaré y amaré en ese entonces- y le explicaré que se llama así por no llamarse como ella "para no cometer el torpe error de nombrarte en lo que amo".
Nada serio, pero la otra vez pensé en mi vida futura sin ella. Todo bien, era un simulacro: practiqué la nostalgia y la tristeza, luego la indiferencia. Pero a ti, Mónica, cómo te explicaré por qué no te llamas como ella.
25 de diciembre de 2016
Los primeros días
La Madre y yo hicimos nuestra cena de navidad hoy en la mañana, en una cadena de comida chatarra.
Ahí, nuestra comunidad es de las familias solas: los huérfanos de esposas, madres cuarentonas que enviudaron de su hijo menor.
La Madre y yo masticamos la comida, hay mucha hambre.
Y nos miramos: ella ya casi senil, yo a punto de dejar la casa. Qué pronto va a suceder eso de dejarnos solos.
13 de diciembre de 2016
Dos cosas:
Visita al médico
-¿Usted duerme sobre algo?- me preguntó el médico y no menoscabo su interrogante. Las preguntas precisas pueden develar hasta lo más insospechado, una pregunta más directa pudo ser: ¿usted es de las personas que levitan cuando duermen? y tampoco me hubiera sorprendido. Estar siempre preparado para lo fantástico nos mantiene con mejor vida.
-Sí, en una vieja cama de resortes desalineados- le contesté.
Torció los labios y la ilusión de un suceso anómalo se le salió por la boca en un golpe de aire. Otro triste caso de dolor lumbar.
Pienso en que nadie de los que leen mi blog le escribirán mensajes de odio a Arely, todos son sólo amigos, personas muy próximas a mí y no son personas que harían eso, además yo no lo motivaría. Las cosas están sucediendo diferente para los dos y seguramente algo no estaré platicando yo que hace la gran diferencia -al enterarme, reflexionaré sobre eso-.
Cada publicación, si es muy leída, tiene a lo mucho diez visitas, tres o cuatro soy yo mismo desde otros dispositivos. Las personas que caen aquí son por curiosidad, más que para enterarse de algo. La mayoría pasa, atisba y no vuelve. Casi que tengo ubicados quienes me visitan con frecuencia.
De alguna manera escribo lo que no me animo a platicarles.
4 de diciembre de 2016
Entre las planas 3 y 6
Yo no sé de música ni nada de eso, sólo escucho y trato de explicarme por qué me gusta lo que reproduzco y reproduzco. Estoy fascinado con Neat beats. Creo que los buenos DJ's no mezclan música, sino que suman sonidos para hacer música -inclusive si los sonidos son mínimos, como en Portishead o lo últimos discos "instrumentales" de los Beastie Boys-. Neat Beats suma voces, despegues, instrumentos, hojas y etcétera. El plus es que los nombres de las canciones son llamativos: Science is my girlfriend, This Machine destroys everything.
El Metro -así le apodó mi papá al de la tienda- está envejeciendo. En la barba se le ven hilitos blancos y ya casi no se arregla como antes, ya no se merece el apodo. Si mi padre lo viera, ahora le diría el Hippie. Le gusta ponerle apodos simplones a la gente que apenas conoce; simplones, pero me hacían reír un poco: "Te habla la Sexivecina", o "¿Va a venir el Ayfrancis?", ese apodo no se va a entender, hacía la voz afeminada y se amaneraba para imitar a mi amigo de la secundaria -hace años lo vi con su pareja, se veían bien los dos-, una vez Ayfrancis y yo íbamos a cruzar Tercer Anillo, me atravesé rápido y no me fijé, entonces él gritó y me tomó de la mano, me regresó al camellón y se asustó tanto que no me soltó de la mano hasta cruzar, a Pablo ya se le olvidó hacerme burla de eso.
"Fulano está dispuesto a comparecer", nos da risa que se nos haya ido eso en el periódico. Aldán nos mira de lado y nos indica que lo cambiemos con su vozarrón de un volcán que se contiene -cuando bromea, me da más risa que su voz, que bien podría ser la de un dictador, se tenga que suavizar-. ...Que cuando entonces el Trife dice "tienes que comparecer" a huevo vas a comparecer tengas o no tengas disposición, por lo tanto se solapa a Fulano y comparecer se vuelve algo más como buena onda de su parte.
-Jefe, ya lo pensé bien y... estoy dispuesto a venir a trabajar mañana.
-Pero tienes que venir todos los lunes...
-Sí-sí, y estoy dispuesto a hacerlo
Esta máquina destruye CUALQUIER COSA (así, pero en inglés, se llama un video que muestra cómo opera una máquina de cuchillas -en el video, algunos sujetos como que juegan a aventar muchas cosas a las cuchillas para sorprenderse, igual que en un capítulo de Malcom-). Bueno, pues esa máquina que destruye cualquier cosa, le destruyó el brazo a mi papá. Creo que el izquierdo, no lo recuerdo muy bien. Ahora que lo pienso, mi papá es casi un Cyborg, para recomponerle el brazo usaron mucho metal; si palpas el largo hueso anterior a la muñeca -¡ay, no estudié Anatomía y no sé de huesos!- se siente la frialdad y la dureza de sus placas. También tiene muchos tornillos que le levantan un poco la piel -usaron piel de su nalga para cubrirle su potente brazo. Cuando pasas por los detectores de metal, papá, ¿haces sonar los aparatos? Fue su brazo izquierdo, ya recordé: se truncó su carrera de guitarrista de hardrock porque ya no puede trastear. Se me ocurre que Pablo le eche burla y le diga: papá, tú siempre has tocado con las nalgas.
Supongo que un día el Metro se dispuso a envejecer, las canas sólo fueron casualidad. Francisco se dispuso se homosexual y ser feliz. ¿A veces nos disponemos a llorar? ¿Nos disponemos a enfermarnos de algo que no se quite? Nos disponemos de cuerpo completo a hacer lo que tenemos que hacer. Ay, Pablo, en vez de versos me salen malos chistes: no hagas nada con todo el corazón. Llévatela leve, a Ritmos Limpios: bit-bits, bit-bits *emulo un corazón*. Ya encontraré como burlarme de ti, con ese amor burlesco.
El Metro -así le apodó mi papá al de la tienda- está envejeciendo. En la barba se le ven hilitos blancos y ya casi no se arregla como antes, ya no se merece el apodo. Si mi padre lo viera, ahora le diría el Hippie. Le gusta ponerle apodos simplones a la gente que apenas conoce; simplones, pero me hacían reír un poco: "Te habla la Sexivecina", o "¿Va a venir el Ayfrancis?", ese apodo no se va a entender, hacía la voz afeminada y se amaneraba para imitar a mi amigo de la secundaria -hace años lo vi con su pareja, se veían bien los dos-, una vez Ayfrancis y yo íbamos a cruzar Tercer Anillo, me atravesé rápido y no me fijé, entonces él gritó y me tomó de la mano, me regresó al camellón y se asustó tanto que no me soltó de la mano hasta cruzar, a Pablo ya se le olvidó hacerme burla de eso.
"Fulano está dispuesto a comparecer", nos da risa que se nos haya ido eso en el periódico. Aldán nos mira de lado y nos indica que lo cambiemos con su vozarrón de un volcán que se contiene -cuando bromea, me da más risa que su voz, que bien podría ser la de un dictador, se tenga que suavizar-. ...Que cuando entonces el Trife dice "tienes que comparecer" a huevo vas a comparecer tengas o no tengas disposición, por lo tanto se solapa a Fulano y comparecer se vuelve algo más como buena onda de su parte.
-Jefe, ya lo pensé bien y... estoy dispuesto a venir a trabajar mañana.
-Pero tienes que venir todos los lunes...
-Sí-sí, y estoy dispuesto a hacerlo
Esta máquina destruye CUALQUIER COSA (así, pero en inglés, se llama un video que muestra cómo opera una máquina de cuchillas -en el video, algunos sujetos como que juegan a aventar muchas cosas a las cuchillas para sorprenderse, igual que en un capítulo de Malcom-). Bueno, pues esa máquina que destruye cualquier cosa, le destruyó el brazo a mi papá. Creo que el izquierdo, no lo recuerdo muy bien. Ahora que lo pienso, mi papá es casi un Cyborg, para recomponerle el brazo usaron mucho metal; si palpas el largo hueso anterior a la muñeca -¡ay, no estudié Anatomía y no sé de huesos!- se siente la frialdad y la dureza de sus placas. También tiene muchos tornillos que le levantan un poco la piel -usaron piel de su nalga para cubrirle su potente brazo. Cuando pasas por los detectores de metal, papá, ¿haces sonar los aparatos? Fue su brazo izquierdo, ya recordé: se truncó su carrera de guitarrista de hardrock porque ya no puede trastear. Se me ocurre que Pablo le eche burla y le diga: papá, tú siempre has tocado con las nalgas.
Supongo que un día el Metro se dispuso a envejecer, las canas sólo fueron casualidad. Francisco se dispuso se homosexual y ser feliz. ¿A veces nos disponemos a llorar? ¿Nos disponemos a enfermarnos de algo que no se quite? Nos disponemos de cuerpo completo a hacer lo que tenemos que hacer. Ay, Pablo, en vez de versos me salen malos chistes: no hagas nada con todo el corazón. Llévatela leve, a Ritmos Limpios: bit-bits, bit-bits *emulo un corazón*. Ya encontraré como burlarme de ti, con ese amor burlesco.
30 de noviembre de 2016
Hoy recordé dos cosas inconexas
I
Ella también cayó así -dije a quien venía caminando a mi lado- iba igual leyendo, me platicó. Dice que se descuidó porque un poema la había conmovido o algo así y no pudo dejar de leer aunque estuviera caminando; entonces dio un mal paso, luego otro, me imagino que no pudo mantener la verticalidad y cayó por un hueco. Le dije "¡qué tonta eres!" cuando me platicó, llegó a casa con la ropa enlodada, dice que era un hoyo y que había tierra; allá donde vivíamos casi siempre estaba húmedo y la tierra se dejaba encharcar así nomás. Llegó a casa con los zapatos y la ropa enlodada, eres muy boba, apenas y conocemos esta calle.
Ella también cayó así como tú -dije a quien venía conmigo, luego le platiqué sin siquiera saber si le importaba o si sabía de quién hablaba.
II
A ella la habían tragado las sombras y la habían desarropado. Yo miraba a otro lado y hacía como que no quería ver. Escuchaba su ropa desprenderse como si se desgajara.
Nos recostamos y yo hacía como que no quería pensar en nada.
Tan quietos y sin decir nada, percibí la mecánica del mundo y su masiva lentitud.
Le pregunté que si podía abrazarla y ella dijo que sí.
Así, en el nudo y duermevela, recuerdo no saber a qué me asía, y aunque tenía su cuerpo cerca de mí, desconocía su forma. Era agradable estrechar algo sin contornos y sin lineas que la contuvieran, constituido sólo de energía.
Ella también cayó así -dije a quien venía caminando a mi lado- iba igual leyendo, me platicó. Dice que se descuidó porque un poema la había conmovido o algo así y no pudo dejar de leer aunque estuviera caminando; entonces dio un mal paso, luego otro, me imagino que no pudo mantener la verticalidad y cayó por un hueco. Le dije "¡qué tonta eres!" cuando me platicó, llegó a casa con la ropa enlodada, dice que era un hoyo y que había tierra; allá donde vivíamos casi siempre estaba húmedo y la tierra se dejaba encharcar así nomás. Llegó a casa con los zapatos y la ropa enlodada, eres muy boba, apenas y conocemos esta calle.
Ella también cayó así como tú -dije a quien venía conmigo, luego le platiqué sin siquiera saber si le importaba o si sabía de quién hablaba.
II
A ella la habían tragado las sombras y la habían desarropado. Yo miraba a otro lado y hacía como que no quería ver. Escuchaba su ropa desprenderse como si se desgajara.
Nos recostamos y yo hacía como que no quería pensar en nada.
Tan quietos y sin decir nada, percibí la mecánica del mundo y su masiva lentitud.
Le pregunté que si podía abrazarla y ella dijo que sí.
Así, en el nudo y duermevela, recuerdo no saber a qué me asía, y aunque tenía su cuerpo cerca de mí, desconocía su forma. Era agradable estrechar algo sin contornos y sin lineas que la contuvieran, constituido sólo de energía.
20 de noviembre de 2016
Hablando de lo mismo
Ella y yo conversamos,
nuestras voces se adhieren
y se diluyen entre las demás.
Tanta gente hablando de lo mismo,
es un milagro que apenas
podamos entendernos.
Hay demasiado ruido en este mundo
nuestras voces se adhieren
y se diluyen entre las demás.
Tanta gente hablando de lo mismo,
es un milagro que apenas
podamos entendernos.
Hay demasiado ruido en este mundo
16 de noviembre de 2016
Fuera, a los lados
Afuera campea el invierno, Mónica. Los haces del sol caen falsos sobre la tierra sin calentarnos y la brisa, que es más agua que viento, pasa encima de las cosas como persiguiendo no sé qué.
Yo voy pisoteando las hiervas viejas que salen en el baldío fuera de tu casa; ¿sabes? estoy merodeando por aquí, espero que en algún momento salgas, te salude y diga "mira, qué coincidencia". ¿Saldrás, Mónica? Sal. Yo preparo el té para el frío.
Yo voy pisoteando las hiervas viejas que salen en el baldío fuera de tu casa; ¿sabes? estoy merodeando por aquí, espero que en algún momento salgas, te salude y diga "mira, qué coincidencia". ¿Saldrás, Mónica? Sal. Yo preparo el té para el frío.
9 de noviembre de 2016
Tú eres el padre
Ay, Jaime, te convertiste en tu padre. Mira, atiendes tus responsabilidades con el mismo entusiasmo con el que sobrevives los días.
Ay, Jaime, si desapareces de nuevo y no te encuentra tu esposa y tu hija, también te buscarán tus hermanos y hermana, tu madre, tus suegros; si no te encuentran, tendremos que buscar tus amigos, tus primos, tus compañeros de trabajo; si estás muy desaparecido, Jaime, tendrán que buscarte tus amantes, tus compañeros del vicio, las personas que te venden el alcohol y las drogas, Jaime; nos da miedo que no te encontremos y que tengamos que pedir ayuda a las personas que golpeaste y a las que te golpearon mientras tomabas, a las mujeres que acosaste, a las personas que robaste; nos preocupas tanto, Jaime, porque de ser necesario tendremos que pedir tu cuerpo a las personas que te maten.
Somos tan escandalosos. Siempre vuelves porque nadie como tú para encontrarte. ¿Qué haces, Jaime? ¿te sacudes el pelo y la nariz, te lavas el sexo, registras las monedas que te quedan para apartar lo del camión, y sólo eso basta para volver a casa? Mira, ¡qué fácil es!, y tu nena tan exagerada que aprende a decir tu nombre para que vuelvas.
Ay, Jaime, yo te comprendo: así son los tiempos, así somos los hombres y esto es lo que hacemos. Para qué ha de querer Luz -que más que ser Luz es tu esposa, tu mujer, ergo te pertenece, es tuya-, para qué ha de querer saber lo que haces mientras no estás. Golpéala otra vez si te pregunta de nuevo, golpéala hasta que sangre y luego hasta que llore lo necesario para que limpie el desastre que provoca con sus preguntas. Para qué ha de querer saber la verdad, como si nadie antes le hubiera notificado, le hubiera hecho saber que la verdad nunca ha servido para nada.
Jaime: te convertiste en tu padre. La próxima vez que lo veas, perdónalo y dile que ahora lo comprendes.
Ay, Jaime, si desapareces de nuevo y no te encuentra tu esposa y tu hija, también te buscarán tus hermanos y hermana, tu madre, tus suegros; si no te encuentran, tendremos que buscar tus amigos, tus primos, tus compañeros de trabajo; si estás muy desaparecido, Jaime, tendrán que buscarte tus amantes, tus compañeros del vicio, las personas que te venden el alcohol y las drogas, Jaime; nos da miedo que no te encontremos y que tengamos que pedir ayuda a las personas que golpeaste y a las que te golpearon mientras tomabas, a las mujeres que acosaste, a las personas que robaste; nos preocupas tanto, Jaime, porque de ser necesario tendremos que pedir tu cuerpo a las personas que te maten.
Somos tan escandalosos. Siempre vuelves porque nadie como tú para encontrarte. ¿Qué haces, Jaime? ¿te sacudes el pelo y la nariz, te lavas el sexo, registras las monedas que te quedan para apartar lo del camión, y sólo eso basta para volver a casa? Mira, ¡qué fácil es!, y tu nena tan exagerada que aprende a decir tu nombre para que vuelvas.
Ay, Jaime, yo te comprendo: así son los tiempos, así somos los hombres y esto es lo que hacemos. Para qué ha de querer Luz -que más que ser Luz es tu esposa, tu mujer, ergo te pertenece, es tuya-, para qué ha de querer saber lo que haces mientras no estás. Golpéala otra vez si te pregunta de nuevo, golpéala hasta que sangre y luego hasta que llore lo necesario para que limpie el desastre que provoca con sus preguntas. Para qué ha de querer saber la verdad, como si nadie antes le hubiera notificado, le hubiera hecho saber que la verdad nunca ha servido para nada.
Jaime: te convertiste en tu padre. La próxima vez que lo veas, perdónalo y dile que ahora lo comprendes.
30 de octubre de 2016
Apuntes sobre los detestables
He decidido ponerle nombres a los detestables de mi cuarto. No creerás, la persona que sabe dice que soy yo mismo; es en serio, lo dijo, esa estupidez no se me ocurriría a mí. Tan seguro estoy de que son otros que cuando los nombro, vienen.
Nefissto, Sutilam, Atha-Ilá, Atha-Ilá
Cuando los nombro vienen.
II
Atha-Ilá duerme conmigo en el lado izquierdo de la cama. Sutilam nos mira con furia desde el marco de la puerta del cuarto. Tiene prohibido entrar desde que mató a Nefissto.
"Está bien", dije cuando observé el cadaver; era el más torpe, el más callado y retraído, me desesperaba estar con él: "Nefissto, Nefissto, te estoy hablado", le decía antes de salir de casa, "Nefissto, maldita sea, eres un imbécil, escucha, te encargo las luces de mi cuarto, apágalas una por una sin romper las bombillas, ¿entendiste?, es importante"; volví a casa: las bombillas rotas, la sangre coagulada en el hocico de Sutilam, que me mira de lado, entre asustado y orgulloso. "Está bien", repetí, "pero no entras al cuarto".
Atha-Ilá me cubre con su cuerpo, su pelaje es terso. Centelleo a su lado. "Yo te cuidaré", le digo. Sutilam nos mira furiso con un pie en el marco de la puerta.
III
Dice la persona que sabe de esto que tú también eres yo mismo, me habla de los estados del yo, del desdoblamiento y otras supercherías, ¿creerás? Me cansé de explicarle que eso no es posible.
Yo nací a partir de tu mirada, las evidencias: poseo tu lenguaje y tu misma cultura, mi independencia me trajo a ti para ser tu objeto y desobedecerte, porque así riges el mundo.
Cuando me nombras, voy.
IV
Atha-Ilá me hace yacer en el suelo. Recarga sus ojos sobre mí: con dos me ve, con tres me ata. Bajo el maleficio -mis ojos cerrados, la boca torcida- siento un pinchazo en la frente y una luz debajo de los párpados se proyecta como en celuloide. Escucho la voz lejana y espectral de Nefissto.
-No hay tiempo para esto -le digo a Atha- es hora del trabajo.
A veces, cuando no jugamos a esto, Atha-Ilá se esconde y yo la busco entre los huecos de la casa.
V
Que Yo soy Nosotros; que Nosotros somos los Otros; y que nos integro bajo un tejido, todos contenidos.
Como los gajos: que somos una parte y un entero a la vez. Me explica.
Nefissto, Sutilam, Atha-Ilá, Atha-Ilá
Cuando los nombro vienen.
II
Atha-Ilá duerme conmigo en el lado izquierdo de la cama. Sutilam nos mira con furia desde el marco de la puerta del cuarto. Tiene prohibido entrar desde que mató a Nefissto.
"Está bien", dije cuando observé el cadaver; era el más torpe, el más callado y retraído, me desesperaba estar con él: "Nefissto, Nefissto, te estoy hablado", le decía antes de salir de casa, "Nefissto, maldita sea, eres un imbécil, escucha, te encargo las luces de mi cuarto, apágalas una por una sin romper las bombillas, ¿entendiste?, es importante"; volví a casa: las bombillas rotas, la sangre coagulada en el hocico de Sutilam, que me mira de lado, entre asustado y orgulloso. "Está bien", repetí, "pero no entras al cuarto".
Atha-Ilá me cubre con su cuerpo, su pelaje es terso. Centelleo a su lado. "Yo te cuidaré", le digo. Sutilam nos mira furiso con un pie en el marco de la puerta.
III
Dice la persona que sabe de esto que tú también eres yo mismo, me habla de los estados del yo, del desdoblamiento y otras supercherías, ¿creerás? Me cansé de explicarle que eso no es posible.
Yo nací a partir de tu mirada, las evidencias: poseo tu lenguaje y tu misma cultura, mi independencia me trajo a ti para ser tu objeto y desobedecerte, porque así riges el mundo.
Cuando me nombras, voy.
IV
Atha-Ilá me hace yacer en el suelo. Recarga sus ojos sobre mí: con dos me ve, con tres me ata. Bajo el maleficio -mis ojos cerrados, la boca torcida- siento un pinchazo en la frente y una luz debajo de los párpados se proyecta como en celuloide. Escucho la voz lejana y espectral de Nefissto.
-No hay tiempo para esto -le digo a Atha- es hora del trabajo.
A veces, cuando no jugamos a esto, Atha-Ilá se esconde y yo la busco entre los huecos de la casa.
V
Que Yo soy Nosotros; que Nosotros somos los Otros; y que nos integro bajo un tejido, todos contenidos.
Como los gajos: que somos una parte y un entero a la vez. Me explica.
3 de octubre de 2016
30 de septiembre de 2016
Otro sueño: de alguna manera todo fue posible. Entonces estamos en su habitación, es un último piso, tiene un enorme balcón y muchas flores. Algunas de ellas tienen espinas. Vemos algunas películas, platicamos sobre tantas cosas, nos hacemos reír. La abrazo y respiro su cabello en ocasiones, pero luego la dejo por si se llega a incomodar. Ahh, las cosas son exactas: la distancia de nuestros cuerpos, los colores de su habitación, las vértices y las cuerdas de su cabello ondulado. Su voz es exacta. De alguna manera, todo fue posible.
Al respecto, no sé qué decir.
Al respecto, no sé qué decir.
Se esconden
Tengo un sueño al que recurro cuando duermo con ansiedad -dormir con ansiedad: como si tal-.
Por lo regular, sueño que estoy trabajando con René, en el merendero San Marcos. Es temporada de Feria, hay trabajo excesivo. El sueño se presenta más bien como un recuerdo de cuando era un adolescente: soy el mesero más joven, el más torpe: no puedo cargar los portaviones con trece-catorce-quince caldos y tengo que hacer dos viajes hacia cocina, pierdo tiempo; no puedo cargar en una sola charola las botellas, los seis vasos, seis refrescos y los hielos, tengo que dar doble vuelta; no puedo recordar más de dos órdenes sin poder anotar: en la mesa 17 es eso, en la mesa 18 es esto y esto, en la 19 es esto y esto de esta manera con esto, debo detenerme a anotarlo todo, pierdo tiempo. Tengo prisa y no puedo correr; debo caminar rápido pero el lugar está congestionado, las personas me insisten, se están enfadando conmigo porque no tienen lo que me piden, porque lo que traje está a medias o porque se los traje mal. René inquisidor me presiona con su dedo ocular.
-René, me equivoqué en esto...- le digo, con su mirada y su desprecio me lo hace pagar caro.
En el sueño, que para nada dista de la realidad de esos años, estoy al borde de reventar. Carajo, estoy por todas partes haciendo tantas cosas y no cubro ni la mitad de lo que debería. Sueño que no puedo, no puedo, se me caen las cosas, René me mira, las personas se van sin pagarme, me faltó cobrar algo y lo tendré que pagar yo, me insisten en que lo que traje no era lo que pidieron, me tocó atender al importantísimo señor No Sé Quién y se está quejando, me robaron mi propina. No puedo.
Ayer lo soñé diferente. Ahora soy un adulto, estoy más preparado para atender a las personas -paréntesis: una vez paseaba con RosaLyn justo frente a ese merendero, me encontré a viejos amigos y nos entusiasmamos de vernos, me dijeron que había cambiado mucho, a RosaLyn le compartieron que cuando trabajaba ahí hasta tartamudeaba, lo dijeron como broma, pero en serio lo hacía, muchas personas me asustaban-.
En este último sueño soy un experto servil: tengo las cosas preparadas desde antes de que me las pidan; puedo cargar la charola de bar con una sola mano, alzarla hasta por encima de las cabezas con la yema de solo tres dedos y nada se me derrama; lo retengo todo, sé incluso qué están tomando cada uno de mis clientes, como lo toma, con qué, cada cuándo, soy el archilector de su consumo; René me pide que apoye a mis menores, que los instruya, me muestra su puño para que lo choque con el mío y pactemos una complicidad vasallesca. El trabajo es tan simple que lo hago con cada vez más calma, con exactitud felina.
Sin darme cuenta, poco a poco las personas están desapareciendo. Yo no me doy cuenta porque soy una maquinaria perfecta de la obediencia. Sirvo a un hombre, doy la vuelta y esa persona desaparece. Al poco tiempo, tengo que entregar una bebida y al mirar el comedor, descubro que es inmensamente amplio y que está vacío, ni siquiera están mis compañeros de trabajo, ni René ni nadie. Tengo una copa en la mano y no la he servido. La desesperación vuelve desde mi estómago y me constriñe. Sujeto la copa con tanta fuerza que está a punto de reventar.
Por lo regular, sueño que estoy trabajando con René, en el merendero San Marcos. Es temporada de Feria, hay trabajo excesivo. El sueño se presenta más bien como un recuerdo de cuando era un adolescente: soy el mesero más joven, el más torpe: no puedo cargar los portaviones con trece-catorce-quince caldos y tengo que hacer dos viajes hacia cocina, pierdo tiempo; no puedo cargar en una sola charola las botellas, los seis vasos, seis refrescos y los hielos, tengo que dar doble vuelta; no puedo recordar más de dos órdenes sin poder anotar: en la mesa 17 es eso, en la mesa 18 es esto y esto, en la 19 es esto y esto de esta manera con esto, debo detenerme a anotarlo todo, pierdo tiempo. Tengo prisa y no puedo correr; debo caminar rápido pero el lugar está congestionado, las personas me insisten, se están enfadando conmigo porque no tienen lo que me piden, porque lo que traje está a medias o porque se los traje mal. René inquisidor me presiona con su dedo ocular.
-René, me equivoqué en esto...- le digo, con su mirada y su desprecio me lo hace pagar caro.
En el sueño, que para nada dista de la realidad de esos años, estoy al borde de reventar. Carajo, estoy por todas partes haciendo tantas cosas y no cubro ni la mitad de lo que debería. Sueño que no puedo, no puedo, se me caen las cosas, René me mira, las personas se van sin pagarme, me faltó cobrar algo y lo tendré que pagar yo, me insisten en que lo que traje no era lo que pidieron, me tocó atender al importantísimo señor No Sé Quién y se está quejando, me robaron mi propina. No puedo.
Ayer lo soñé diferente. Ahora soy un adulto, estoy más preparado para atender a las personas -paréntesis: una vez paseaba con RosaLyn justo frente a ese merendero, me encontré a viejos amigos y nos entusiasmamos de vernos, me dijeron que había cambiado mucho, a RosaLyn le compartieron que cuando trabajaba ahí hasta tartamudeaba, lo dijeron como broma, pero en serio lo hacía, muchas personas me asustaban-.
En este último sueño soy un experto servil: tengo las cosas preparadas desde antes de que me las pidan; puedo cargar la charola de bar con una sola mano, alzarla hasta por encima de las cabezas con la yema de solo tres dedos y nada se me derrama; lo retengo todo, sé incluso qué están tomando cada uno de mis clientes, como lo toma, con qué, cada cuándo, soy el archilector de su consumo; René me pide que apoye a mis menores, que los instruya, me muestra su puño para que lo choque con el mío y pactemos una complicidad vasallesca. El trabajo es tan simple que lo hago con cada vez más calma, con exactitud felina.
Sin darme cuenta, poco a poco las personas están desapareciendo. Yo no me doy cuenta porque soy una maquinaria perfecta de la obediencia. Sirvo a un hombre, doy la vuelta y esa persona desaparece. Al poco tiempo, tengo que entregar una bebida y al mirar el comedor, descubro que es inmensamente amplio y que está vacío, ni siquiera están mis compañeros de trabajo, ni René ni nadie. Tengo una copa en la mano y no la he servido. La desesperación vuelve desde mi estómago y me constriñe. Sujeto la copa con tanta fuerza que está a punto de reventar.
7 de septiembre de 2016
breve ilusion
La ilusión se me presentó en el trabajo, en Internet, cuando encontré una ventana cerrada.
Se me presentó como Mónica, una joven vecina que se desnudaba en la casa de enfrente y no cerraba las cortinas para que la mirara. En la ilusión, yo era un hombre viejo y cansado que escribía desde un cuarto; me levantaba solamente para hacer compras, comer y defecar; interactuaba un poco con la gente, que no me repudiaba, para ellos, yo era un hombre seco y gris al que saludaban por conmiseración . El resplandor de la tarde se opacaba en la ventana y yo entraba en ansiedad porque quería ver que Mónica se desnudara como todas las noches.
Se me presentó como Mónica, una joven vecina que se desnudaba en la casa de enfrente y no cerraba las cortinas para que la mirara. En la ilusión, yo era un hombre viejo y cansado que escribía desde un cuarto; me levantaba solamente para hacer compras, comer y defecar; interactuaba un poco con la gente, que no me repudiaba, para ellos, yo era un hombre seco y gris al que saludaban por conmiseración . El resplandor de la tarde se opacaba en la ventana y yo entraba en ansiedad porque quería ver que Mónica se desnudara como todas las noches.
14 de agosto de 2016
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