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29 de diciembre de 2013

Todos los que conformamos mi cuerpo


Hoy la asió y se eclipsó en el abrazo, como una luna superpuesta que obstruía los haces solares.

Nosotros (todos los que conformamos mi cuerpo), mojigatos  envilecidos que lloran a los dolores invisibles, nos abrazamos con saña y nos juramos herirte en el cuello y escapar de ti, de tu encierro, de tus cláusulas escritas en el viento. No lo entenderías, de verdad no lo entenderías: defendimos mi cuerpo con sólo cerrar los ojos.

Hoy la asió y nos rompió la bóveda. Cayeron ensimismadas las fuerzas de Mí, las que se vierten en el silencio, la furia inmutada que un día reventará de consumir tanta paciencia.

Y los otros, todos los que no somos, la abrazaron, como una luna superpuesta que pronto se irá, dejando su estela nocturna sobre un sol ennegrecido y cansado de brillar.

Incluí una imagen que pudiera representar un poco lo que imagino.

Omar Tiscareño

8 de diciembre de 2013

búsqueda

Subió por esta escalinata de arena y me destrozó los pies.

La algarabía del desierto es el viento persiguiendo a la arena, se hacen rutas de ruido, se enredan los últimos gritos de los seres que fueron aplastados por el dedo del sol.

Yo todavía te buscaba, arqueaba mi espalda, torcía mi piernas, las palmas en la arena y la cabeza gacha: Allah, tú eres grande, míranos en esta miseria y llóranos, llóranos mucho y apaga el fuego de estas tierras.

Mis rezos hirieron su capa, araron al cielo y se hizo una llaga por donde más sol se escurrió. Su mirada me ensoñó me hizo dormir, Sahara me cobijó con su abrazo y me devoró de un beso.

omar tiscareño

1 de diciembre de 2013

La noche-herida

Veo en tus ojos
la inmortalidad de una noche,
una noche que se trepa a los huesos
y que nos pone a tiritar con su respiro.

La noche tiene llagas: nosotros.
Nosotros la hacemos sangrar;
nos lame como si fuéramos heridas vivas
y nos rasca cuando ya casi secamos,
para revivirnos, para hacernos sentir con ella.

Estamos entre los rescoldos
de una noche que quiere ser eterna.

Omar Tiscareño

20 de noviembre de 2013

Tres cosas de la semana que inventé

UNO

Liliana me preguntó que si tenía pareja, a la vez me sonreía. Le dije que no, me tomó tiempo contestar.

Y Liliana es bella y simpática, no sé por qué no lo había notado. Ernesto me lo refirió saliendo de clases. Te observa, Aurelio, está atenta a lo que haces, te sigue con unos ojos que te envuelven e intentan tirar de ti hasta lo sorprendente.

Recordé otro nombre, un nombre un poco menos mencionado. Pensándolo bien, Liliana no es tan bella ni tan simpática.

UNO PUNTO CINCO

Gris, pero un gris turbio, aseverado y excesivamente ennegrecido como para ser solamente cielo; se amenazaba con lluvia: el cielo era gris y yo debajo lo contemplaba y me sugestionaba y me hacía sentir tan cielo, tan mínimas agonías y tan desecho en soplos fríos y llanitos.

Por otro lado me cobijaba tu mirada. Ese frío en las costillas que se produce con tus labios ha de ser la misma sensación que padece el mar cuando se arrebata. Quisiera encerrarte en un beso y nombrarte, decir tu nombre, poseer en mi boca el sonido de lo que te refiere. Qué poco es tu nombre para lo que eres. Yo quisiera encerrarte en un beso y nombrarte.

Qué mal cielo no encierra, nos deja abyectos.

Es tan turbio, tan aseverado y tan excesivamente ennegrecido lo que llevo dentro. Quisiera que me encerraras en un beso y que me nombraras, pero quizá —quisiera así querer— pero quizá no quepo en tus labios.

UNO PUNTO SIETE

Y ella tiene esa obsesión estúpida de creerlo posible. Me reinventa en lo desecho y me reconstruye a través de la pedacería.

"Ahora serás un haz de luz que atraviesa una noche irrompible", pero yo no lo quiero. "Ahora serás el agua que emerge de entre  la tierra y que se abre pasos en pequeños caudales hacia mi boca", pero yo no lo quiero. "Ahora escúchame, debe ser así o te condenarás a estar arraigado a los dolores viejos que tan equívoca tu mano siniestra ha sostenido por tanto tiempo" Qué así sea, mujer, óyelo. He bebido de su jugo y sé que entre su carne se esconde el Maná. Ella es del agua y yo nado a través de sus ductos, al salir de ella siento frío, y siento un miedo terrible, un miedo terrible siento de poder dejarla o dejarme si ella.

13 de noviembre de 2013

Ene erre dá


Hola, blog, cómo vas? a veces te me distancias mucho (no-cierto, te escribo taanto y taaanto en los borradores).

ESCRIBO:
(sueño y beso)

He estado pensando mucho en los raudales de tu boca, en esos leves duelos de los labios. Ahora son apenas bofetadas de agua salada. "Apenas" cuando antes lo inundábamos todo y nos ahogábamos en una agonía que no iba a cesar. Y recuerdo inmensamente las mujeres que has sido, recuerdo el sueño viejo.

sueño viejo: dos aves, quizá metálicas, su chasquido de cuando se erguían me recordaba a nuestras bocas en su tenue juego de rozar y mojar; tú y yo, piscis azorado por la garra de un león, y un colmillo que se clava, bajo el agua turbia, sobre un cuero lastimado por el filo de su lengua . Tú y yo bajo los haces del fuego, sobre una ciudad mojada ¿lo recuerdas? éramos tú y yo, viéndonos y viendo la ciudad. 

dos aves, poderosas por su liviandad metálica, las veíamos desde lo lejos, sus envergaduras eclipsaban al sol. Tú y yo, como coronados por la insipidez, las veíamos, reñían entre sí, se punzaban el pecho. Las aves, con su eco férreo, se desplomaron y tú y yo queríamos llorar porque las aves eran tan nuestras, recuerdo que nos abrazamos, y en el abrazo nos picoteamos los cuerpos. Las aves eran tan nuestras y tan nosotros.

dos aves, vencidas por el abrazo que no se supo dar cayeron con el corazón de frente. Una cayó en agua, la otra en tierra. Luego nos miramos: tú tan brisa, yo tan polvo. Recuerdo escucharte llorar.


Tiempo después, no sé en qué páramo difuso de la ensoñación, te encontré recogiendo los vestigios de lo que somos. Estamos hecho para deshacernos, para unirnos en el desplome, para reconocernos de memoria en esa parte de carne que hay frente a los dientes.

Está bien, son pequeños sorbitos de agua. ¿Y qué? así se bebe el té, así se catan los buenos vinos. Uno va por el mundo inhalando en pequeñas porciones las corrientes de aire. Nadie se queja.

16 de octubre de 2013

De nuevo este mes

La ida (a Edgar ERT)

quiero aprender a entender
las cosas que no sé de la vida

descubrir el espacio oculto,
llorar sin tener tristeza.

quiero dejarte ahí
donde se forma el recuerdo
—construido estratégicamente
como tu recámara—
quiero llevarte de la mano
y dejarte así tendido:
calmar la eterna convulsión,
el espasmo y el miedo.

(Llegó con el tiempo acumulado
y le destruyó su cerebro,
su cuerpo dejó de funcionar.)

ort 11


Esta es la décima vez que Edgar se muere y que mi madre lo resucita, aunque sea por un día.

23 de agosto de 2013

Poema para dos



Ojalá vieras tus ojos
cuando me lees,
ojalá yo también los viera.

Qué pena hablarle a tu letra,
preferiría dirigirme a la llanura de tu silencio;

qué pena decirte en un discursito mediático
que me ofende el que me hagas falta,
que me avergüenza faltarte.

Hagamos, letra por letra,
todos los insonoros auxilios
y luego volvamos a hablarnos.

Omar Tiscareño

8 de agosto de 2013

El de afuera


Mónica está fuera de sí, no se encuentra. Yo estoy frente a la puerta de su cuerpo, quiero entrar en ella, seríamos felices si así quisiera: restañaría con los labios sus heridas viejas, desencarnaría desde adentro la mala hierba que ella se deja crecer.

Simplemente no se puede, está cerrado por dentro.

Omar Tiscareño

1 de julio de 2013

El castigo onírico III

Podría platicarte nuevamente todos mis dolores, esta vez la lista sería corta. Poco a poco me ha desinteresado lo que me pasa, tampoco procuro estar mejor, pero me gusta pensar que existe alguna forma en la que yo, al decirte lo que me aflige, pueda sentirme aliviado:

He sucumbido nuevamente a ti, Mónica, es irremediable. El follaje de todo lo que es verídico se marchita con tu ultravoz. Me sedo hasta despertar contigo. Lo demás ya lo sabes, el tiempo lo consumimos platicando que ya debería dejar de soñarte. Nunca me convencerás, o mejor dicho, nunca me convenceré.

Y todas las mañanas es lo mismo, me despierta mi propio llanto. Soy nuevamente herido por el castigo del despertar.

II

Te veo a lo lejos, Mónica, eres tan inalcanzable. Sé que esta es la realidad pues no estás aquí. Sinceramente,   ya no me siento atraído por ti, me he enamorado de lo que hago de ti en mis sueños.

Omar Tiscareño


25 de junio de 2013

soy todo bosque
de arboles enlamados
que crecen con la serenidad de un cedro.

soy todo furia incrustada
en el enjambre de la abeja,
en la picadura de su excitación.

soy el trueno agobiado
que parte las nubes mojadas
para que babeen la ciudad.

soy ahí y allá, pero no en todos lados
sino en cualquier lugar

omar tiscareño

16 de junio de 2013

Un relato alucinante


Bajo los terribles efectos de la maldad


En alguno de los ríos que rodean al Sahara, encontraron el cadáver -violado y  mutilado- de una mujer hermosa, pero eso no importa, lo que en este momento relataré, es lo primordial:

Me encontraba orando secretamente justo en el centro del desierto de Sonora, cuando alguien se acercó a mí y me dijo que a Ernesto le habían perforado los ojos con muchas espinas, "esto sólo puede ser obra de...", pensé. De pronto ya estábamos en el Ganges, Ernesto se lavaba con agua-ceniza las comisuras de sus párpados. Así sin ver, se acercó a mí y me ofreció de un tabaco extraño. Acepté. Nos sentamos y entre bocanadas de humo azul que comenzaban a perturbarme, comenzó a platicar lo sucedido:

No sé cómo sucedió, si todo iba tan bien. Habíamos encontrado fuegos que levitaban, que se arraigaban al viento. Encontramos nubes que deambulaban a la altura de nuestros ojos. Habíamos hallado lo irreal debajo de la sábana de la noche. No sé cómo lo hicimos, pero nos comprendimos. Descubrimos el amor. Inventamos juntos un poema:

Bajo los cuatro azules de la noche,
van nuestras lenguas surcando la cueva de las voces.

Yo soy agua, soy tu lluvia,
en mi cuerpo se desborda el río.
Yo soy piedra, soy dureza,
la medianía de mi cuerpo tiembla.

Somos hilos de suspiros,
corrientes de viento tibio.

Somos plasma que tirita,
el alma trémula incendiada.

Se alza el obelisco y llueve sobre él,
un grito, que es fuego y viento,
es una flecha que se dispara
hacia los cuatro azules de la noche.

Este relato es una metáfora de lo alucinante. Ernesto se drogó más de lo que pudo resistir. me miró deslumbrado por el opio y encontró en mi cuerpo todos los elementos de la tierra: encontró florecillas y tierra roja; aves pequeñas e insectos corroídos por la abyección de su mirada; encontró un nidal y piscis abrazados, hervidos por el viento; encontró humo en mi pubis, después agua seca en sus labios, luego todo lo demás. Matricida, Ernesto, eres un matricida.

Encontraron a Ernesto huyendo del Ganges, ya no se le ha vuelto a ver su madre. Sus dos acompañantes ahora son también testigos: violó y mutiló a su madre bajo los efectos de una droga fuerte, después se enterró en sus ojos los broches que había en el pelo de ella.

Omar Tiscareño


8 de junio de 2013

¡Cuánta exigencia para el acto íntimo!

11 de mayo de 2013

Cadenas para el alma


Eabani despertó confundido y azorado. Poco antes estaba en guerra contra su enemigo Gilgamesh, abrió los ojos al momento de un tajo fulminante. Miró a su alrededor y encontró a Sara, estaba a su lado decaída en un sueño profundo. La tomó por la espalda, sintió su piel negra cerca de él y la besó como si besara a la misma sombra de la noche. La anudó con sus brazos y juró que aún la amaba desaforadamente y que siempre la protegería a ella y sus tierras. Miró su propio cuello: sudaba sangre pero no manchaba, no se lo pudo explicar. Luego de mucho anhelar el cuerpo de Sara, sintió la necesidad de dormir. Cayeron sus párpados y el episodio que dejó inconcluso en su sueño terminó.

Antes de abrir los ojos, Sara sintió que su cuerpo era abrazado. Supo inmediatamente que ese abrazo no era sino de Eabani, tenía la extrañeza de apaciguar las cosas, de tersar la piel con su ultravoz; se entristeció, le pidió que la dejara, que renunciara al sortilegio conjurado tiempo atrás: entregar el alma a lo  más amado. La guerra ya había terminado hace muchos años, la cabeza de Eabani simbolizó el fin de la independencia mesopotámica nunca conseguida.

Sara giró su cuerpo hacia atrás y deshizo la nostalgia besando a su esposo, Gilgamesh.

Omar Tiscareño




2 de mayo de 2013

Buenas noches

No he podido dormir bien. Pienso en el pobre de Gerinaldo, ¿por qué Amaranta es así? Pero también ¿por qué Gerinaldo es así? ¿por qué son así?:

Durante cuatro años él le reiteró su amor, y ella encontró siempre la manera de rechazarlo sin herirlo, porque aunque no conseguía quererlo ya no podía vivir sin él. (Cien años de soledad)

Luego Espejo corona mi insipidez, por qué si lo amaba él no...:

ENCORE
Y, amor mío, nos dimos en la madre. Como éramos dos en vez de uno, hicimos más esfuerzo. (Love Story)

Y yo que no puedo dormir, por qué uno vive así:

MADRUGADA
Rápidas manos frías
Retiran una a una
Las vendas de la sombra
Abro los ojos
                     Todavía
Estoy vivo
                      En el centro
De una herida todavía fresca.
(Salamandra, O.Paz)

28 de abril de 2013

Figuras III y IV y el gozoso infierno/cielo

Figuras III

Tenías el Maná entre tus piernas y se te cayó a mi boca.

Figuras IV

Seguro que cargo en mis labios los fuegos del terrible infierno: me besas

Omar Tiscareño


Y ya que hablamos del infierno, pongamos más sabrosón al averno para que al menos valga la pena vivir nuestra segunda residencia. Agárrate, mujer, ahí te va:

LAS LLAMAS DEL PARAÍSO

Nacemos del pecado,
nuestra medianía segrega
el jugo del fuego y del agua.

Mojamos al cuerpo por dentro,
nos contraemos hasta derramar.

Y dicen que es pecado
pero nunca han sabido
si se siente mal pecar así,

nunca han bebido agua de tu río.

Descubrimos nuestras mascaras
debajo de la piel,
máscaras originales y sinceras
máscaras que no se avergüenzan de ser
la representación del deseo.
Descubrimos la parte trasera
de nuestras máscaras.

Nacemos del pecado
y vivimos de regocijo:

vivamos cuanto pueda vivir
el endurecimiento
de nuestra alma creciente

vivamos hasta que se rompa el grito
vivamos con las uñas y los dientes del otro clavados
vivamos hasta tocar el punto que cosquillea los mares
vivamos hasta querer morirnos de tanta vida

una flor abre su puño
la lluvia cae en chorros y la refresca

los brazos se alargan
se hacen madejas de hilo suave

el rojo pierde su color de fuego
mientras que el agua se evapora

volvamos a perecer
y a regresar al infierno que nos corresponda.

Omar Tiscareño