🚗 _ 🚓🚓

29 de diciembre de 2015

Respuestas tan obvias

Entonces el bibliotecario decía tener el conocimiento casi absoluto porque ya había leído todo lo escrito y porque había presenciado los momentos más insólitos de está nuestra época. Lo miré al rostro, tenía un ojo agigantado por donde se le colaba el mundo. Aproveché la situación y le pregunté las cosas más agobiantes que desde hace noches incomodaban otros de mis sueños:


Señor bibliotecario, ¿es cierto que los cuentos de Hurtado se escribieron a partir de las vivencias, las emociones y la vida íntima de sus compañeros de viaje; y que destacaron porque la mayoría de ellos eran plágios de sus contemporáneos menos afortunados?

También  dígame, señor bibliotecario, ¿es cierto que Pérez se masturba antes de escribir sus poemas y después, cuando llora por la vergüenza de haberse hecho eso, canaliza su petetismo en sus versos; y que la mayoría de ellos los escribe con la mano izquierda porque vuelve a ocupar su mano derecha para reforzar su poética?

Y por favor, señor bibliotecario, ¿es verdad que las mujeres de Quevedo, el nuevo, se quedan dormidas cuando su pareja les intenta hacer el amor o cuando les habla de su nueva novela?

El bibliotecario me miró, su gran ojo volvía desde mi cabeza hasta mis pies, arrastrándome con su petulancia. Luego giró su cuerpo y se retiró, las respuestas eran tan obvias que no había necesidad de decir nada más.


Omar Tiscareño

1 de diciembre de 2015

O si hubiera recogido esos brazos del basurero y los hubiera atado a mi cintura, o si Mónica me hubiera regresado esa llamada y me hubiera informado que ya no era ella, que se mudó de cuerpo, tal vez habría sido feliz y podría salir de nuevo a tolerar al mundo. Pudo ser, ya no lo sabré jamás.

Y es que siempre estoy confundido, y me cansa mucho pensar las cosas. Estoy tan cansado y tan aburrido de llevarme a cuestas; de tirarme de todos los precipicios que encuentro a la vuelta de la esquina; de ajar mi cuerpo por las noches para que alguien, cuando lo muerda, se asquee y me escupa.

A veces, ya no quisiera llevarme por debajo de la piel.

28 de noviembre de 2015

Es sólo un juego

A veces jugábamos a inventarnos en lugares fríos: ahora llueve en la Sierra Fría, ahora hay sol blanco en Siria, ahora la oscuridad del cosmos.

Nos hacía gracia pensar que nos necesitábamos. No recuerdo el momento en que dejábamos de jugar.

26 de octubre de 2015

Para seguir adelante

Pero yo no, yo soy de otra forma. Yo soy de los que pierden las oportunidades porque alguien más supo hacer mejor las cosas. Entonces llego a casa, prendo el televisor y no lo miro, desayuno lo que no me gusta y el resto del día lo pierdo mirando al techo, tratando de encontrarle nuevas formas. Luego esa noche, la de todas las noches, me trepa y me noquea; yo, como derribado por un gancho descendente, me levanto y me digo "pero oye, yo aprecio mucho tu trabajo y además lo admiro, es en serio, lo admiro y lo valoro y deseo que sigas haciéndolo porque espero mucho de ti y no quiero que sigas pensando así, ¿está bien?" y después, cuando cierro los ojos y se supone que ya estoy dormido, me pregunto si me habré engañado.


22 de octubre de 2015

Es eso
o el mundo disminuyó

¿Es la lentitud de los días,
la rapidez del ansia?

No, es eso otro:
la figura situada en la lejanía,

En todos lados está el borde del mundo
¿por qué voy sobre él?


ort

11 de octubre de 2015

Cosas raras de este mes

I
En esta estúpida ciudad, Madre encontró un cadáver y lo llevó a pasear, le mostró lo intolerable que es la plenitud de estos nuevos días y luego, cuando llegó una corriente de aire tibio y debió dejarlo ir para que se integrara a las cosas que son naturales, decidió aferrarse a su desencarnado brazo, lo dobló un poco por aquí y por allá y lo guardó en el bolsillo pectoral que tienen algunas camisas.

II

Y yo discutiendo con una sombra lejana porque llegó a mi casa y tomó las cosas más íntimas que había escondido para ti. Y esta maldita y estúpida ciudad seguía haciendo de las suyas. La sombra hirió mi costado y quiso huir por las escaleras; le tomé por la cola y no dejé que se escapara. Así pasaron nueve o diez años y yo aferrado de su cola para que no se fuera, porque... bueno, en ese tiempo no se lo quise decir, pero en realidad no me importaba mucho que me robara: no quería que se fuera porque ya estaba tan acostumbrado a la mimética de su contorno que sin ella yo... pero entonces se me escapó y se llevó todas las cosas que había escondido para ti, quise contártelo, quise decirte: "era oscura y blanda y gritaba como los árboles y entró por quién sabe dónde y se robó las cosas que había escondido para ti".

ort

10 de octubre de 2015

Sobre lo que escribo y no puedo escribir

Y me gusta, y soy terriblemente feliz en mi infierno, y escribo.
JC
I
Y escribo con furia lo que me pasa, aunque sean cosas aburridas. Es necesario decir que no soy muy precavido con mi vida, porque la altura de mi felicidad no la calculo con las acciones que haré, sino con los detalles minúsculos que me encuentro en las cosas ocultas: en la nota al pie de página de un libro viejo, en la flor que segrega de una casa abandonada, en las imágenes que veo cuando zabullo la cabeza y nado. Y me voy de lleno por la vida derramando las letras que no me caben en el cuerpo, que se me salen por los dedos cuando tecleo, aunque nadie las lea.

II
"...volvió para verte, caminó por la duna y se ahogo en el cielo con la lluvia de la mañana; te dijo que te quería y te regaló las flores de su soledad y la hierba de los días".

Ahora que están sucediendo los días que deberían suceder, ahora que los días se repiten como sin más, quisiera escribir, también, del extrañamiento. Tengo algunas palabras en mente que después podría borrar.

Quiero escribir, pero no sé cómo.

Cenizas, E. Munch

1 de octubre de 2015

Los poemas de Pérez

En lo más recaído hay algo que siempre pugna por rehabilitarse:
en el hongo pisoteado, en el reloj sin cuerda
en los poemas de Pérez, en Pérez
J.C.

Yo no sé qué tiene la poesía de Pérez que está tan alejada de Pérez. La poesía de él cobra independencia, tiene cosmogonía propia y suele ser poderosa. Algunos han propuesto que en ella se abordan historias épicas que nuca existieron, pero que, a pesar de su inexistencia, ingenuos practicaron literatura con amplia inventiva.

La poesía de Pérez, por sí sola, nos aparta del mundo. Contiene imágenes difíciles de concebir. Sus versos rodean el límite del lenguaje y después se hacen nada. Concluyen.

Quisiera reseñar un poco más esta voz poética que surgió de la nada, pero la poesía de Pérez no existe sin la lengua de su creador. Según entiendo (y de verdad que no me interesa saber mucho) la poesía de Pérez nunca se escribió o, después de ser escrita, la tinta se resbaló por la vergüenza de ser escrita, o fueron escritas y tal vez recitadas para que una perra no muriera de hambre y después se desechó (cuando la perra murió asqueada de lo que consumió). Según entiendo, la poesía de Pérez no pagó el alquiler y se mudó a una tierra donde no se puede vivir si eres poema, en el silencio.

Qué triste es pensar que la poesía de Pérez es de Pérez. Ojalá se hubiera escrito sola.

Omar Tiscareño

30 de septiembre de 2015

Algo sobre Carlos y el horror

Pero a ti, Carlos, qué te asusta? Si en la noche, cuando la oscuridad exhala sus olores y te precipitas por el frío y las luces neón, si cuando la humedad de la niebla recarga su lengua sobre nuestras cabezas y entonces sientes una mano lejana que te tienta la espalda y volteas para ver que, lo que haya sido, se esfumó, vuelves la mirada a tu camino y sonríes. Qué te asusta, Carlos. Las sórdidas callejuelas, la oscura decapitación de las tardes sangrantes, la enaltecida sombra que, autónoma, guía sus propios pasos?

Qué siniestra es tu felicidad, encuentras placer en el horror de lo cotidiano.

14 de julio de 2015

desconfiar

Desconfiar cuando te dicen te amo, porque no lo dicen en serio, porque ya lo habían escuchado, porque se dice con miedo, porque vos estás seguro de lo que estás diciendo?, porque sí estoy seguro, porque no me engañes, porque no te engaño, porque en todo estás:

Avellaneda contra el viento que zarandean sus rulos, Avellaneda y la sombra de un árbol grande, Avellaneda y la sopa insulsa que me da por las mañanas en que hace frío, Avellaneda y su vestido como bandera caída que quisiera izar, Avellaneda y su voz de pájaro triste, Avellaneda y la cicatriz de tu brazo.

y vos estás seguro de lo que estas diciendo?

La mano se estira, la otra mano la recibe, los ojos se trastocan, los vapores, los labios, las manos, el tórax, el agua, la sed, boca, mano, piel, y ayer yo era un ave que volaba sin miedo, y por eso pregunto que si vos estás seguro de lo que estás diciendo, porque yo no estoy segura de lo que estoy sintiendo.

30 de junio de 2015

Ahora que los días suceden, Stephane Korvin

57.

Tengo mala mano, ya pasará.

Mis pies están pintados sobre el suelo. Beben lo negro del suelo de la calle, no es una mudanza más. El cuerpo no se instala luego de desembalarse.

Tú no te mueves (susurra tu cuerpo apenas).

Explota sobre el piso.

La silueta de las últimas noches nos corroe.

No son malas las manos que conversan.

Tengo palabras malas, ya pasará.

Una mujer me basta, basta con cambiar regularmente.

El cuerpo tiene buena voluntad. Paso por una mala racha, esta bien.

Todavía tenemos algunas formulas que probar. Y también algunas figuritas por amar.

No quiero correr la mirada. La vida se estira providencialmente.

La ausencia del mundo es grande.





Traducción de Laura Petreca y Javier Sabarros

26 de junio de 2015

N


repito tu nombre como repito los días

16 de junio de 2015

Recuerdo-recuerdo, qué recuerdo?

Hoy, por ejemplo, que llueve y estoy recostado en mi cuarto, recuerdo las lluvias de Xalapa que eran leves, como alfileres.

y cierro muy fuerte los ojos deseando que al abrirlos esté yo allá y no en esta ciudad plana.


1 de junio de 2015

Lenguaje de gestos (¡Vas a ver!)

Alguna vez leí algo sobre sobre lo afectivo que podría ser cruzar los brazos siendo profesor, cosas de micro enseñanza. Según eso, los alumnos, casi sin querer, interpretan en el profesor una conducta de rechazo. Hay un tanto verdad en eso del lenguaje corporal, pero no es una verdad absoluta; además,las interpretaciones se prestan a equivocaciones: a veces el profesor sólo quiere cruzar los brazos.

Uno puede andar por la vida leyendo cosas que no están escritas, ya sabes: leerle en el rostro las preocupaciones que tiene tu amigo, el que debe en Coppel; leerle en las manos la verdadera edad a tu tía, la que se ha hecho cirugías; leerle las intenciones que tu maestro de inglés tiene con Laura cuando le mira las piernas e incluso leerle las artimañas que Laura está usando para aprobar inglés.

Verónica va caminando tranquila hacia el norte, de pronto se detiene como interrumpida por algo invisible, chasquea los dedos, presiona los dientes y dice ¡Chin!; da media vuelta y se apresura hacia el sur: algo se le ha olvidado.

¿En verdad es eso?

¿Cuales son los signos que sí se pueden interpretar?

Recuerda este ejemplo: un hombre saca una cajetilla de cigarros de su chaleco; saca, después, un cigarro, lo coloca en su boca. Entonces busca nuevamente en su chaleco. ¿Está buscando un encendedor?

Las obviedades no son tan simples de afirmar. ¿Qué hay en los gestos para decir que no hay ninguna otra posibilidad de interpretación?

A todo esto, ayer caminaba por un parque; un niño jugaba con su hermano a golpearse con una pelota. El mayor la arrojó con saña hacia la cara del menor. La sangre le escurrió como cascadas teñidas. La madre, mientras lo atendía, miró al mayor, no le dijo nada, ni siquiera balbuceó algunas palabras. Levantó la mano mostrándole la palma y la agito hacia atrás y hacia adelante. El niño ya estaba condenado.

19 de mayo de 2015

Simulacro

Más o menos en estas fechas, y con el porvenir achicándose cada vez más, ya nos alejábamos.


A veces llovía fuerte, a veces solo caían gotas, casi siempre había agua.

Me regaló un abrazo y yo se lo regresé, no lo quise, le dije que no fastidiara con su sentimentalismo, me ahogó con un golpe que todavía me duele y corrió muy lejos; la alcancé y nos tiramos en la tierra de una loma.

Yo no me daba cuenta, ya practicábamos los adioses.