23 de abril de 2019
25 de marzo de 2019
Bueno en la obtución
Ernesto llega a casa, sube a su habitación y, luego de cerrar la puerta con fuerza, se echa a la cama y piensa: "¿que en qué soy bueno, que qué habilidades tengo?, y yo cómo chingados voy a saber eso"; pasado otro rato, encendió su consola y jugó hasta el anochecer.
En la escuela, Mónica lo fastidia cada que puede:
-¿Sabes por qué no has encontrado qué será? porque no eres bueno en nada
-Vete al carajo
-Eres vulgar, eres grosero y eres ignorante.
-¿y qué te importa, eh?
-Pues nada, pero me caes bien. Mira, apunta esto en tu tarea "Soy un perfecto obtuso"
-¿y qué mierda es eso?
-Tú escríbelo, ya verás- soltó una risita
-No te quieras pasar de lista conmigo
-Es en serio, de verdad, significa que eres bueno en muchas cosas, por lo general, pero no una en especial. Como que abarcas mucho, que te adaptas a todo, pues- explicó, y sonrió de nuevo con travesura.
Ernesto rió también, fue una sonrisa pícara y resolutiva. "Sí, obtuso, eso es", pensó para sí, "muy obtuso, soy más o menos bueno en el fut, pero no tanto como Hugo; igual en casi todas las clases, no soy un imbécil, no completamente, al menos no repruebo".
-Eh, pelmazo, ¿sigues aquí?- interrumpió Mónica- ya viene la maestra, escribe algo rápido.
Sacó pluma, papel y en cinco minutos plasmó todo lo que pensaba de sí: que a veces era bueno para la Física, pero sólo si le llamaba la atención; que cocina cuando sus padres no están, aunque no le guste mucho lo que hace. Tres párrafos con letra grande y doble interlineado le llenaron la hoja. Incluso le dio tiempo de releer lo escrito y sentirse más o menos orgulloso.
La maestra pidió que pasaran al frente a explicar sus habilidades. "Que mala suerte apellidarse con A", pensó, pero igual se sentía tranquilo. Pasaron Laura, Carlos y Verónica. La natación, la música y el atletismo; dos más y seguía Ernesto.
-Oye, Mónica- le susurró con fuerza- ¿cómo se dice de lo obtuso?
-¿qué?
-que cómo se dice de cuando eres obtuso, como atleta y atletismo
-ahh... se dice...- se rascó un poco la cabeza luego soltó- ¡obtución!, así ponle, o para obtuar- después giró el cuerpo para que no le viera la cara.
El turno de Ernesto. Se para el frente con la hoja en mano. "Y bien, Ernesto, ¿en qué eres bueno?". Primero echa el ojo a su hoja, el título lo escribió con rojo "Soy bueno en la obtución", luego alza la vista a todo el salón. Destaca Mónica que se tuerce de risa en su butaca sin que la mire la maestra. Vuelve la vista a la hoja, al título. "Maldita seas, Mónica", piensa. La maestra lo insta a continuar.
-Soy bueno para... engañar a las personas. Sé hacer que otros piensen cosas que en realidad no son- termina y se sienta, esconde la cabeza.
Tarea extra para Ernesto: dos planas de por qué está mal engañar a las personas. Mónica y otros seis compañeros se quedan con el pendiente de ubicar sus habilidades pues dijeron que aún no han identificado, que es difícil saber.
ort
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Mientras hervía el café, porque no supe definir obtuso. De cuando Pablo puso en su currículum que era "ávido de aprender" sin saber qué era eso.
En la escuela, Mónica lo fastidia cada que puede:
-¿Sabes por qué no has encontrado qué será? porque no eres bueno en nada
-Vete al carajo
-Eres vulgar, eres grosero y eres ignorante.
-¿y qué te importa, eh?
-Pues nada, pero me caes bien. Mira, apunta esto en tu tarea "Soy un perfecto obtuso"
-¿y qué mierda es eso?
-Tú escríbelo, ya verás- soltó una risita
-No te quieras pasar de lista conmigo
-Es en serio, de verdad, significa que eres bueno en muchas cosas, por lo general, pero no una en especial. Como que abarcas mucho, que te adaptas a todo, pues- explicó, y sonrió de nuevo con travesura.
Ernesto rió también, fue una sonrisa pícara y resolutiva. "Sí, obtuso, eso es", pensó para sí, "muy obtuso, soy más o menos bueno en el fut, pero no tanto como Hugo; igual en casi todas las clases, no soy un imbécil, no completamente, al menos no repruebo".
-Eh, pelmazo, ¿sigues aquí?- interrumpió Mónica- ya viene la maestra, escribe algo rápido.
Sacó pluma, papel y en cinco minutos plasmó todo lo que pensaba de sí: que a veces era bueno para la Física, pero sólo si le llamaba la atención; que cocina cuando sus padres no están, aunque no le guste mucho lo que hace. Tres párrafos con letra grande y doble interlineado le llenaron la hoja. Incluso le dio tiempo de releer lo escrito y sentirse más o menos orgulloso.
La maestra pidió que pasaran al frente a explicar sus habilidades. "Que mala suerte apellidarse con A", pensó, pero igual se sentía tranquilo. Pasaron Laura, Carlos y Verónica. La natación, la música y el atletismo; dos más y seguía Ernesto.
-Oye, Mónica- le susurró con fuerza- ¿cómo se dice de lo obtuso?
-¿qué?
-que cómo se dice de cuando eres obtuso, como atleta y atletismo
-ahh... se dice...- se rascó un poco la cabeza luego soltó- ¡obtución!, así ponle, o para obtuar- después giró el cuerpo para que no le viera la cara.
El turno de Ernesto. Se para el frente con la hoja en mano. "Y bien, Ernesto, ¿en qué eres bueno?". Primero echa el ojo a su hoja, el título lo escribió con rojo "Soy bueno en la obtución", luego alza la vista a todo el salón. Destaca Mónica que se tuerce de risa en su butaca sin que la mire la maestra. Vuelve la vista a la hoja, al título. "Maldita seas, Mónica", piensa. La maestra lo insta a continuar.
-Soy bueno para... engañar a las personas. Sé hacer que otros piensen cosas que en realidad no son- termina y se sienta, esconde la cabeza.
Tarea extra para Ernesto: dos planas de por qué está mal engañar a las personas. Mónica y otros seis compañeros se quedan con el pendiente de ubicar sus habilidades pues dijeron que aún no han identificado, que es difícil saber.
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Mientras hervía el café, porque no supe definir obtuso. De cuando Pablo puso en su currículum que era "ávido de aprender" sin saber qué era eso.
17 de marzo de 2019
Coadyuvantes
Pero la ausencia del sueño no es mi caso, a decir verdad. Ahora duermo bien, a veces hasta creo que sueño y despertar es agradable. Y pienso, planeo, le chito a aquello que parecía que no se iba a acabar jamás. Una conmoción que la mera verdad era invisible, pero a quién le ibas a creer si te dijeran "basta ya, te digo, basta ya".
En fin. En fon. Hiervo el café y lo sirvo también para Ilá. Nos disponemos a escribir como si de eso se tratara. No hay de otra, sabes.
De frente a la pantalla, uno se truena los nudillos de una mano y luego de la otra; se estira el cuello de un lado para el otro hasta hacer un crack que da miedo.
-Sobre qué- me pregunta ella
- Lo mismo: de la pasión y sus coadyuvantes.
A veces es del odio, otras de la misericordia.
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Escrito previo a un largo y soporífero ensayo sobre configuraciones organizativas según el criterio de departamentalización
27 de febrero de 2019
De la ribera inquieta y un río inmóvil
Uno:
De una irrealidad que apenas percibo, como si nada fuera cierto, que sí -Ya qué!-: estoy perdido en el tiempo.
Y me pregunto si es la edad adecuada para pensar en esto: moriré ...como cualquiera ¿Debería preocuparme por eso? ¿Tengo los años suficientes como para considerarlo importante? Preferiría admitirlo con excelente obviedad como solía hacerlo antes, cuando era un experto en recorrer el calendario: lo hacía tan bien, sin detenerme siquiera.
Dos:
De los seres que están perdidos en la memoria. Pobres de ellos, morir sin formato.
Y, bueno, en esta hora de las preocupaciones absurdas y los sinsentidos, Mónica: me aterra morir sin haberte cedido la tea para que alumbraras la penumbra que siga después de mí.
Si algo tendría sentido, si algo lo habría de resolver todo, sería por fin amarte, Mónica.
De una irrealidad que apenas percibo, como si nada fuera cierto, que sí -Ya qué!-: estoy perdido en el tiempo.
Y me pregunto si es la edad adecuada para pensar en esto: moriré ...como cualquiera ¿Debería preocuparme por eso? ¿Tengo los años suficientes como para considerarlo importante? Preferiría admitirlo con excelente obviedad como solía hacerlo antes, cuando era un experto en recorrer el calendario: lo hacía tan bien, sin detenerme siquiera.
Dos:
De los seres que están perdidos en la memoria. Pobres de ellos, morir sin formato.
Y, bueno, en esta hora de las preocupaciones absurdas y los sinsentidos, Mónica: me aterra morir sin haberte cedido la tea para que alumbraras la penumbra que siga después de mí.
Si algo tendría sentido, si algo lo habría de resolver todo, sería por fin amarte, Mónica.
23 de febrero de 2019
De ovejas que gruñen de una en una en una
Me gusta escribir cifras numéricas, por ejemplo cuatrocientos treinta y tres. Lo mismo con los decimales, cuatro punto trescientos cuarenta y cuatro.
Lee esto:
Cuarenta y punto cuatro punto mil tres trescientos veinticien veces de litros de un metal onírico de...
Suficiente por hoy. Buenas noches
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Cuarenta y punto cuatro punto mil tres trescientos veinticien veces de litros de un metal onírico de...
Suficiente por hoy. Buenas noches
14 de febrero de 2019
Apuntes
IX Sobre el desvelo de las cosas ocultas
Mientras leo, Atha-Ilá ronda por la casa, de arriba abajo, de adentro a afuera. Olisquea esos huecos de la casa que ni siquiera sospecho que existen.
Doy vuelta a la página: Conrad habla sobre la verdad íntima que se esconde por suerte. Por suerte. Te lo debo a ti, Conrad, ocultar lo más puro en las hondas tinieblas, ahí en donde ni Atha-Ilá rastrearía así olfateara todos los días, en todos lados. Vuelta a la página.
Para el anochecer, Ilá ya estaba tendida en la alfombra, junto a mí. Los dos tirando bostezos mudos. Me hipnotiza sentir su respiración porque se mece en el viento con un aire cálido; me adormece su pelaje, hundiría mi cuerpo en ella. Sacudo el rostro: no es tiempo para dormir, pero descansa tú, Ilá, has estado muy activa. Voy a la cocina a preparar té. El cuerpo pesado, como si leer hubiera sido un largo sueño. Tal vez.
En la cocina está Maud otra vez. ¿Es en serio, Maud, es en serio? ¿de nuevo por aquí? ¿por dónde entras, con qué permiso?
De vez en vez, Maud llega de esta forma a la casa. Como la formación inmediata de las nubes. Pregunta cosas, me revisa. Me vaticina alguna enfermedad que tal vez ni exista y después se va luego de agotarme. Yo sé que quiere que le diga lo que pienso, pero justo ahora no pienso en nada. En nada. Pero si quiere, me esforzaré hasta expresar algunas palabras, aunque no tengan sentido, aunque solamente yo las entienda.
-...era un ejercicio desesperante, siempre me sentía perseguido por alguna cosa, ¿sabes?, algo que no podía definir: si era una persona, si era un pendiente que no había terminado, si era la culpa...
Maud me mira como si me entendiera de cabo a rabo, por completo, en excelencia. Como si decirlo fuera una repetición. Casi siento que su condescendencia me ofende.
-...y en ocasiones me siento bien librado, ¿sabes?, como si fuera un acróbata mortal, como si hubiera redes de seguridad al pie del acantilado. Me arrojo y lo sobrevuelo todo. Lo sobrevuelo...
No sé si es suficiente para Maud, nunca da la señal, ya sabes: un marcador discursivo, un chasquido de boca que dijera ¡por favor ya basta! ...por favor. Y desde siempre, desde que llega aquí con esta forma inesperada, me veo obligado a continuar porque también librarme de ella es un alivio.
-... lo peor de todo esto es que me reconozco en la lejanía, no me gusta para nada. Para nada. Porque sé que no se trata de mí, sé que yo estaré bien de alguna u otra manera, sin embargo...
Al decir lo último que digo, alzo la vista y Maud no está. Siempre olvida decir adiós o, cuando menos, gracias.
Hiervo el té. Lo sirvo. Regreso a la alfombra. Athá-Ilá me dice que si todo está bien, que me escuchó hablar. Le respondo que sí, que vuelva a su sueño. Tomo su oreja -un triángulo suave y terso- y la tuerzo con amabilidad. Ella la sacude como en automático. Ay, Ilá, qué no haría yo por ti.
Enfrento el sueño. Afuera, la luna es roja y el clima es de un azul que casi no reconozco.
omar tiscareño
-----
sobre lo muy hondo, lo muy oculto que tiene que ser expresado ante una voz en off. Y me siento libre, con una cadena al cuello que es eternamente larga. Conrad. Boris Vian y Melo.
Mientras leo, Atha-Ilá ronda por la casa, de arriba abajo, de adentro a afuera. Olisquea esos huecos de la casa que ni siquiera sospecho que existen.
Doy vuelta a la página: Conrad habla sobre la verdad íntima que se esconde por suerte. Por suerte. Te lo debo a ti, Conrad, ocultar lo más puro en las hondas tinieblas, ahí en donde ni Atha-Ilá rastrearía así olfateara todos los días, en todos lados. Vuelta a la página.
Para el anochecer, Ilá ya estaba tendida en la alfombra, junto a mí. Los dos tirando bostezos mudos. Me hipnotiza sentir su respiración porque se mece en el viento con un aire cálido; me adormece su pelaje, hundiría mi cuerpo en ella. Sacudo el rostro: no es tiempo para dormir, pero descansa tú, Ilá, has estado muy activa. Voy a la cocina a preparar té. El cuerpo pesado, como si leer hubiera sido un largo sueño. Tal vez.
En la cocina está Maud otra vez. ¿Es en serio, Maud, es en serio? ¿de nuevo por aquí? ¿por dónde entras, con qué permiso?
De vez en vez, Maud llega de esta forma a la casa. Como la formación inmediata de las nubes. Pregunta cosas, me revisa. Me vaticina alguna enfermedad que tal vez ni exista y después se va luego de agotarme. Yo sé que quiere que le diga lo que pienso, pero justo ahora no pienso en nada. En nada. Pero si quiere, me esforzaré hasta expresar algunas palabras, aunque no tengan sentido, aunque solamente yo las entienda.
-...era un ejercicio desesperante, siempre me sentía perseguido por alguna cosa, ¿sabes?, algo que no podía definir: si era una persona, si era un pendiente que no había terminado, si era la culpa...
Maud me mira como si me entendiera de cabo a rabo, por completo, en excelencia. Como si decirlo fuera una repetición. Casi siento que su condescendencia me ofende.
-...y en ocasiones me siento bien librado, ¿sabes?, como si fuera un acróbata mortal, como si hubiera redes de seguridad al pie del acantilado. Me arrojo y lo sobrevuelo todo. Lo sobrevuelo...
No sé si es suficiente para Maud, nunca da la señal, ya sabes: un marcador discursivo, un chasquido de boca que dijera ¡por favor ya basta! ...por favor. Y desde siempre, desde que llega aquí con esta forma inesperada, me veo obligado a continuar porque también librarme de ella es un alivio.
-... lo peor de todo esto es que me reconozco en la lejanía, no me gusta para nada. Para nada. Porque sé que no se trata de mí, sé que yo estaré bien de alguna u otra manera, sin embargo...
Al decir lo último que digo, alzo la vista y Maud no está. Siempre olvida decir adiós o, cuando menos, gracias.
Hiervo el té. Lo sirvo. Regreso a la alfombra. Athá-Ilá me dice que si todo está bien, que me escuchó hablar. Le respondo que sí, que vuelva a su sueño. Tomo su oreja -un triángulo suave y terso- y la tuerzo con amabilidad. Ella la sacude como en automático. Ay, Ilá, qué no haría yo por ti.
Enfrento el sueño. Afuera, la luna es roja y el clima es de un azul que casi no reconozco.
omar tiscareño
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sobre lo muy hondo, lo muy oculto que tiene que ser expresado ante una voz en off. Y me siento libre, con una cadena al cuello que es eternamente larga. Conrad. Boris Vian y Melo.
5 de febrero de 2019
Nunca en nada
El señor Eliodoro ya no tiene la razón nunca en nada, y aun así no deja de opinar ni de defender lo que cree que es cierto. Todo el mundo se lo repetimos, con amabilidad, con molestia, con mofa: no, don Eli, no, así no es, usted esta mal, está equivocado, usted ya no sabe, no y no.
No lo haremos nunca entender, está casado consigo mismo.
Qué difícil de tratar es don Eliodoro, tan así que a veces guarda silencio sólo por contrariar.
Ort
No lo haremos nunca entender, está casado consigo mismo.
Qué difícil de tratar es don Eliodoro, tan así que a veces guarda silencio sólo por contrariar.
Ort
29 de enero de 2019
Jab
Que va a llegar de una u otra manera; te tomará desprevenido. No te dará tiempo ni de cerrar los ojos ni de apretar los puños, o de guardar atrás de los dientes esas cosas que ya no quieres repetir.
Y estás aquí tumbado; quieto, furioso, con un color que apenas reconoces ¿es el azul el color de los que responden al llamado de nuestros miedos?
Es así la amenaza, un golpe de jab del que nadie te avisa: jab, jab, gancho. Y tú qué te crees el dueño de los sentimientos férreos, jab, jab; el del inconmensurable cinismo, jab, jab.
Que va a llegar de una manera, que te tomará desprevenido. Jab-jab; picoteo del pecho
Y estás aquí tumbado; quieto, furioso, con un color que apenas reconoces ¿es el azul el color de los que responden al llamado de nuestros miedos?
Es así la amenaza, un golpe de jab del que nadie te avisa: jab, jab, gancho. Y tú qué te crees el dueño de los sentimientos férreos, jab, jab; el del inconmensurable cinismo, jab, jab.
Que va a llegar de una manera, que te tomará desprevenido. Jab-jab; picoteo del pecho
23 de enero de 2019
De cómo perdí la vista
Para qué discutir sobre lo que seremos si aún no sabemos lo que somos
Granada. K.G.
Crucé por todos los pidemontes al norte de Bisharrí cuando tenía 14 años. Me perdí entre las cordilleras y los altos cedros y ya nadie supo de mí, ni de mi nombre, y pocos fueron los que me buscaron durante algún breve tiempo.
Llegué al Bosque de los Cedros de Dios y encontré al loco que vivía ahí. Le lloré y le dije que estaba perdido y él me dijo que qué más daba. Le confesé que yo quería salir. Me preguntó que si ya había encontrado lo que perdí y yo no entendí que quería saber con eso: Yo había huido de casa porque estaba fúrico, recordaba el rechazo de los padres y padecía aún el dolor de perder al hermano único, ¿qué hacer ante tal desplome?
El loco me dijo que me quedara aquí y que tendría la alegría del olvido.
-Este es el Bosque de Dios, y ellos -dijo al colocar una palma sobre un cedro-, ellos son los hombres que le han orado durante cientos de años.
Agradecí sus palabras y viré. Yo no he querido ser nunca un árbol, siempre he querido ser un pájaro de largos tañidos.
Dos:
Yo no soy centinela ni de lo moral ni de lo inadmisible. El loco lo sabe, por eso puede andar desnudo delante de mí, o decir las cosas que dice sobre la gente. A veces quiero ser como el loco y decir las cosas que pienso desde lo más oscuro de mi corazón.
Algunas noches, cuando el loco finge no verme, simulo que lo hago: me desnudo y me coloco delante de los charcos y dejo caer mi Yo con estrépito.
No sé si soy una pequeña hoja que cae de un árbol seco o florido.
Tres:
A veces el loco desentierra los hombres dormidos que hay en las raíces de los Cedros de Dios. Hoy adopté uno, nos ponemos de frente para platicar:
-Hace cientos de años, tal vez muchos más, las contradicciones eran más fáciles de resolver. La fe era ciega y absoluta aunque el llamado del cielo también era mudo.
No entendí. Nunca he querido entender.
Le ofrecí arándanos y dátiles, le ofrecí rodear otros árboles lejanos al de su custodia.
-Mínima liviandad, compañera de mi cuerpo, ¿en dónde estás?
El loco le susurra que aún no es tiempo de volver, lo arrastra de la mano hasta su nicho. La mayoría de ellos, dice mientras rocía el cuerpo del hombre con tierra húmeda, duermen incompletos, intranquilos.
Esa noche soñé que los cedros crecían tan alto que alcanzaban al cielo con la última hoja de su altura.
Cuatro:
"Había un poco más de gente conmigo, había consuelo y certidumbre", dice el loco, "ser feliz no era una tarea personal y tampoco difícil.
"Pero ahora vivo solo, entre gente que duerme entre raíces y sueña que hace cosas buenas, a nadie le rinden explicaciones sobre sus actos y aún así se sienten bendecidos.
"Pero yo no me siento solo, ni me siento rodeado de gente que se equivoca.
"¿a quién le debemos la inexorable libertad de aceptar nuestro destino o de eludirlo?".
Amœnus
Recuerdo las mañanas colmadas de un aire cálido, del tacto rosa que se dejaba caer como hojas de jacaranda; su abdomen horizontal; mis ojos habituados a los suyos, al diario desgaste de la compañía.
-¿qué escuchas?
-un pájaro, las hojas de este, ese y ese árbol, la gente, otro pájaro, una música lejana.
El movimiento tranquilo de nuestros labios que se agazapan, de peces que hierven en el viento.
-¿qué escuchas?
-un pájaro, las hojas de este, ese y ese árbol, la gente, otro pájaro, una música lejana.
El movimiento tranquilo de nuestros labios que se agazapan, de peces que hierven en el viento.
22 de enero de 2019
Asta
Un ser con astas que teme la embestida
que rehusa su cornada
Pisa la orilla de un río largo y quieto,
y sorbe
Mira los peces que juegan a una persecución invisible
Y la danza es ágil e intrépida
como el movimiento de los pájaros
o de otro animal que no se detiene cuando es sorprendido
ort
que rehusa su cornada
Pisa la orilla de un río largo y quieto,
y sorbe
Mira los peces que juegan a una persecución invisible
Y la danza es ágil e intrépida
como el movimiento de los pájaros
o de otro animal que no se detiene cuando es sorprendido
ort
5 de enero de 2019
29 de noviembre de 2018
Una mujer que escribe y que hace un jardín en su laberinto. Que guarda las flores en sus manos, como un pequeño rosario de reveses, para que renazcan; que acompaña, con su respiración, el vapor de los sueños.
Si cierro los ojos, la veo también con sus pies en el río de allá, de la selva a la que fuimos (la imaginé como un fruto del agua).
Guardo bien las palabras con las que la nombro todavía.
Si cierro los ojos, la veo también con sus pies en el río de allá, de la selva a la que fuimos (la imaginé como un fruto del agua).
Guardo bien las palabras con las que la nombro todavía.
5 de noviembre de 2018
Maremágnum
Qué es esto, que a veces se me presenta como una hojita de clavo bajo la lengua,
Que se desliza por la mitad de mi cuerpo, que digo yo que es vertiginoso.
Este frío que me jala el órgano desde adentro.
Por qué estos sueños en los que derramo la sangre y la orina,
En los que se desdibujan los espectros bajo mi carne, en donde se modula el miedo con sudoraciones y espasmos.
A qué me debo con tanta culpa.
Porque existo y me niego a decir que es otra cosa, me enjuago en el maremágnum que clama mi nombre, que lo exige para colgarlo en lo alto bajo del sol
Y todavía me atrevo a decir, que soy el de la conciencia que se desanuda, que se descascara;
Que me reconozco a la orilla de cualquier calificativo.
24 de septiembre de 2018
Descascarar
El joven identificó en un capitulo de una serie que es un tema común: Don se siente desconcertado y escribe para ordenarse y nada para aclarar dudas, por eso el joven no deja de hacerlo, para no olvidar este recurso que lo reconcilia consigo mismo.
Aunque ya no con la misma frecuencia, el joven teclea de vez en vez y trata de desanudar un poco el mundo, el suyo: la chica que lo acompaña -o él a ella-; la cajita donde labora; las venitas que abrazan al corazón del hermano. Tantas cosas. Y escribe y piensa y planea, como si la risa de dios no resonara tan fuerte.
uno.
Leyó o releyó Mejor que arder, de Lispector. Le da risa que en verdad sí sea tan fácil descascarar el mundo, doblar los líos mitad tras mitad hasta que quepan en un puño. Qué fácil es resolver el mundo cuando se tienen ganas de habitarlo, piensa, pero el joven qué sabe, él se repite todos los días a sí mismo, como la condena de los fantasmas, y asegura que sí se puede ser feliz, aunque por ejemplo, Valenzuela le repita que no, que así no se puede vivir, no no no, pero ella qué sabe.
dos.
Se cuestiona si el asunto se quedará sólo entre ellos, rigurosamente entre ellos. Seguro que no, pero se dice, como se suele decir, que va a llevar esto con dignidad, que dejará de lado las voces de esbirros o aliados y que sólo dejará la puerta abierta para que pase ese río de flores que se prometieron dibujar con palabras que se le ocurrieran a los dos.
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